Desde antes que don Wiche García Saleta defendiera el espacio que hoy ocupa el Centro Olímpico Juan Pablo Duarte, como la casa en la que el olímpismo dominicano trabajaría su desarrollo, ya nuestro deporte dependía de sacrificios y decisiones individuales. Si los propulsores son importantes en todos lados, nuestro contexto político social agiganta la dimensión de esos hombres que se entregan a la causa deportiva. Educar, entrenar, sacar a camino una disciplina.

La mayoría de los deportes tienen un héroe, un padre, alguién que tomó la decisión de organizar, reglamentar y pelear por los derechos, reconociendo los deberes. José Ravelo en el tenis, Virgilio Travieso en el baloncesto, Hanns Hieronimus en el tenis de mesa, Mamoru Matzunaga en judo, en fín. Son las individualidades y no las políticas deportivas las que sacan a flote un deporte que tiene tanto y tan poco, que solo cuenta con los corazones  guerreros que se toman en serie el nombre y la bandera del estampado en el frente de su camiseta.

Las cosas no han cambiado y hoy, con más razón, los enemorados del deporte, los dirigentes  concientes, entrenadores  de vocación y los atletas tienen en sus manos el impulso del país en los medalleros. Todo esto porque el presupuesto destinado al deporte está congelado desde hace varios períodos gubernamentales sin que entiendan en Palacio que los recursos son la clave. Claro, recursos distribuidos con orden y gastados con pulcritud.

Las inversiones en estructuras deportivas deben mejorar, especialmente en los pueblos. En el olvidado sur, que en materia deportiva es obviado por todos, incluyendonos los medios de comunicación. Sin presupuesto ni inversión en estructuras es imposible mantener el alto sitial logrado por nuestro atletas que se olvidan de los maltratos a la hora de la competencia.

Un país beisbolero sin plays infantiles, pocas canchas de minibásket, y en el que hasta ahorita la educación física equivalía a jugar el “matao” o el pañuelito. Por suerte surgen luces. Mariano Cedeño y sus campeones entrenando en un potrero del batey la Higuera en El Seibo es el ejemplo del esfuerzo que ponen alguno y el reflejo que eso causa en los medalleros, en el fomento. Es la suerte que tiene el badminton con un Generoso Castillo, que entrega cada segundo de su vida por los resultados que ya puede pregonar con sus atletas escalando en el ranquin  mundial.

En deporte, como en salud y educación, se deben hacer inversiones conscientes, enfocadas. Las estructuras del deporte infantil son un buen punto de arranque. Comiencen por los plays de niños.