A unos meses de dejar la presidencia de Estados Unidos, y con 54 años de edad, Barack Obama empieza a hacer planes para su nueva vida fuera de las altas esferas políticas. El 20 de enero de 2017, su sucesor jurará de forma oficial el cargo, sustituyendo a Obama como presidente del país. Y una de las opciones que el abogado y político está barajando seriamente es la posibilidad de dedicarse a una de sus principales pasiones: el baloncesto.
Con el corazón en Chicago

Según afirmó Josh Earnest, secretario de prensa de la Casa Blanca, Obama ha mostrado interés en ser propietario de una franquicia de la NBA tras su salida de la presidencia de Estados Unidos “si la oportunidad llega, bajo las circunstancias correctas”. Earnest incluso llegó a deslizar que el presidente ha discutido ya la opción de ser parte del grupo de propietarios de una franquicia de la NBA, sin dar más detalles.

Obama, nacido en Hawaii, es confeso aficionado de los Chicago Bulls desde que vivió y trabajó en la ciudad durante varias etapas de su vida. La franquicia es propiedad desde 1985 de Jerry Reinsdorf, quien pese a sus ya 80 años no ha dado señales de querer vender al equipo. El presidente Obama, eso sí, también ha afirmado que seguirá residiendo en Washington D.C., la capital del país y hogar de los Wizards, durante los dos años siguientes tras el final de su mandato.
Presidentes y propietarios

El interés de Barack Obama por la NBA no es nuevo. Además de haber mantenido una presencia cercana a estrellas de la liga como Ray Allen, John Wall o Stephen Curry, ya mostró su disposición a ser propietario en el pasado noviembre. En una entrevista a Bill Simmons para GQ, Obama fue preguntado si querría ser parte de un grupo de propietarios de una franquicia NBA. Su respuesta: “absolutamente”. Sobre su posible interés por los Bulls, Obama explicó que “conozco a (Jerry) Reinsdorf bastante bien, no va a entregar al equipo a corto plazo. Pero he tenido fantasías sobre ser capaz de organizar un equipo y lo divertido que sería. Creo que sería estupendo”.

Si Barack Obama acabara cumpliendo su nuevo sueño, se convertiría en el segundo presidente que lleva las riendas de una franquicia deportiva. Su antecesor, George W. Bush, fue propietario de los Texas Rangers de la MLB de béisbol entre 1989 y 1998, antes de su presidencia. Curiosamente, uno de los candidatos a suceder a Barack Obama, el republicano Donald Trump, también tiene experiencia como propietario tras comprar a los New Jersey Generals de la difunta USFL de fútbol americano. Eso sí, como otros tantos negocios del polémico empresario, la franquicia acabó cerrando sus puertas tras solo tres años de existencia.