El papel protagónico de David Ortiz en el Escogido de los sufrimientos (1992-2009)  es suficiente para que sea “de los míos”. Desde aquellos tiempos se perfiló como un líder con un gran corazón.

Nunca olvido su doble para poner fin a la Serie del Caribe de 1999 dejando en el terreno al equipo de Puerto Rico para dar el triunfo a los dominicanos Tigres del Licey, en calidad de refuerzo. Luego viene su explosión en las Grandes Ligas con su llegada a los Medias Rojas de Boston y la historia del exorcismo de la “Maldición del Bambino” en 2004, la cual es material de enciclopedia.

Recuerdo que como reportero de El Nacional acompañé a Leo Corporán y al entonces coronel Miguel Raúl de la Cruz Reyna en noviembre de 2005 a Cedimat, donde Nelva Peláez presentó a varios peloteros el trabajo que se hacía en el centro para operar a niños con problemas cardíacos. David estaba entre esos peloteros y no sé si ya el proceso había comenzado, pero en lo adelante Ortiz se hizo cargo de este altruismo mediante su fundación.

Aquellas historias infantiles, aquellos rostros, me llevaron a escribir tanto que al día siguiente no encontraba cómo editar para que el material entrara en una página. Ese trabajo creció y con David al frente los resultados son suficientes para llevarlo al “Salón de la Fama de la  Humanidad”, piénselo como el templo de los prohombres. En el terreno de juego, su liderazgo creció y los Medias Rojas ganaron tres Series Mundiales con él (2004, 2007 y 2013), amén de la ayuda de compañeros valiosos como Pedro Martínez en la primera y Manny Ramírez en dos de ellas. Lo de 2013 tiene un héroe no solitario, pero sí sobresaliente.

Es una temporada que comenzó con la tragedia del maratón de Boston. Luego vino el histórico discurso de David el domingo que la ciudad decidió hacerse fuerte. La imagen de su arenga en el cuarto partido de la Serie Mundial ante los Cardenales de San Luis es un ejemplo de liderazgo que pocas veces se puede apreciar desde las gradas o el sofá. Trabajar con el “Big Papi” es fácil para los de mi oficio. El hombre sabe tocar los temas y con frecuencia deja un titular interesante, a veces noticioso y a veces simplemente jocoso.

Así llegamos a los homenajes de toda esta temporada, la de su retiro. Los Medias Rojas de Boston honraron a David en grande el pasado domingo y con él a todos los dominicanos identificados con el toletero de Haina. Pocas veces una figura de cualquier ámbito puede mover un sentimiento generalizado a su favor. David lo ha logrado a la natural, siendo él, con carácter, pero emanando cariño para niños y adultos. Esta columna no tiene “numeritos” porque David Ortiz está por encima de ellos.