En su carrera David Ortiz ha demostrado ser uno de los bateadores más peligrosos en las Grandes Ligas, por su poder y por lo oportuno de sus batazos, y en esta su última temporada en el béisbol ha sido una pesadilla para los lanzadores rivales en situaciones en las que le toca batear con dos outs.

Ortiz, quien batea para promedio de .314 con 27 jonrones y 93 carreras remolcadas, ha demostrado en esta campaña que es alérgico a ser el último bateador en un episodio para los Medias Rojas de Boston.

En situación de dos fuera en una entrada, el histórico bateador zurdo de los Medias Rojas ha tenido los mejores resultados estadísticos en varios renglones, como promedio de bateo con .331, más que en cualquier otra condición en la que puede tomar un turno al bate (sin outs batea para .318 y con uno fuera para .287). Muestra excelentes números  en dobles, con 17; en carreras anotadas, con 23, y en carreras empujadas con 34 en total.

Su porcentaje de embaserse (.443) y su slugging (.702), en escenario de dos fuera también son los más altos para el Big Papi.

Ortiz acumula 124 turnos al bate en esta situación, en la cual ha respondido con 41 imparables, destacándose los nueve cuadrangulares que ha conectado, (segundo mejor total superado por los 10 que ha pegado sin outs en el inning), como también el total de 24 bases por bolas que ha recibido frente a los 18 ponches (menor total que en cualquier otra circunstancia).

Otros datos interesantes de David en esta condición de juego en esta temporada son que el único triple que ha conectado, la única ocasión en la que ha sido golpeado y las dos bases que se ha robado, ocurrieron luego de dos outs.

A diferencia de la mayoría de los bateadores que logran jugar en liga mayor a la edad del designado de Boston (40 años), Ortiz continúa siendo oportuno con el madero en situación de corredores en base luego de dos fuera en el episodio. Cuando David ha tenido que estar en esta situación tiene números de .302 con tres vuelacercas y 19 carreras producidas.

Todo esto es muestra de que aun al final de una extraordinaria jornada de 20 años en el béisbol estadounidense, sigue siendo un peligro y que mientras tenga el bate en las manos su equipo tendrá la oportunidad de ganar, porque no está dispuesto a ser el último hombre en caer.