Las reformas que recibe el sistema educativo nacional con la implementación de la tanda extendida y el famoso 4 por ciento del PIB como presupuesto para este sector debe incluir la ampliación y eficiencia del deporte en las escuelas públicas.


El deporte debe asumir un mayor protagonismo en el proceso educativo de los niños y jóvenes dominicanos por los temas de salud física que conocemos y por la socialización que permite detectar males conductuales a una edad en la que estos aún se pueden corregir.


El niño que no sabe perder en la cancha será un adulto que se aferre al sistema maquiavélico de que “el fin justifica los medios”, para tocar solo un ejemplo de la influencia del deporte en el carácter del individuo. Es obviar el sentido de cooperación que alimentan las disciplinas por equipo.


Nuestras escuelas adolecen de instalaciones adecuadas para jugar algo más que baloncesto y voleibol. Las instalaciones en las escuelas deben ser variadas, multifacéticas y seguras. Es una pena que no se practique el deporte nacional (béisbol) en nuestras escuelas. Obvien la excusa del espacio. Los derivados del béisbol (vitilla, placa, la pared, etc) se pueden jugar en espacios reducidos y se pueden construir estadios de niños (que hay muy pocos en todo el país) y asignarlos, uno por cada distrito escolar, para el uso organizado de varias escuelas con horarios establecidos.


La tanda extendida es una oportunidad dorada para establecer un sistema eficiente de deporte escolar, manejado por un Instituto Nacional de Educación Física (INEFI) más fortalecido y con papel  protagónico en la estructura del Ministerio de Educación.


Las competencias escolares serían un laboratorio para que las federaciones observen e identifiquen talentos, sin sacarlos de las escuelas.


No es necesario juntar los ministerios de Deportes y Educación. Solo necesitamos que Educación asuma al deporte como parte esencial del proceso formativo. El país está obligado a ver el deporte  como una inversión necesaria para desarrollar ciudadanos solidarios, humanizados, organizados y respetuosos de las jerarquías. Que el respeto al árbitro, al entrenador y al rival sean las bases de un ciudadano con respetos a las personas e instituciones.


La preparación de los educadores del deporte ha subido el nivel en los últimos años y a veces no hay dónde emplearlos, y las escuelas necesitan de esos especialistas para guiar a los niños. Un entrenador es tan maestro como el que imparte física o matemáticas si posee los conocimientos y sensibilidad para tratar con el físico y los sentimientos de los alumnos.  El plan no es complejo, todos los elementos están ahí y lo que falta es el entendimiento de que el deporte es parte de la educación, tanto como las ciencias, también necesarias.