Quizás el haber jugado Ned Yost en dos ocasiones diferentes en el béisbol venezolano, con los Tiburones de La Guaira y los Navegantes del Magallanes, sea el motivo por el cual el dirigente de los Reales de Kansas City goce tanto con la forma como se desenvuelven muchos de sus peloteros, especialmente los latinoamericanos.

Esa chispa por alcanzar la base extra, ese deseo por no rendirse aunque enfrenten una enorme desventaja, ese entusiamo en el diamante, son algunas de las características de una divisa que está a dos triunfos de avanzar a la Serie Mundial por segundo año al hilo.

"Usted lo puede notar en Salvador [Pérez] y en 'Esky' [Alcides Escobar], el amor con el que juegan a la pelota", comentó Yost para citar dos ejemplos de lo anterior. "No es un trabajo para ellos, al punto de que es difícil para nosotros tratar de convencerlos de que no se vayan a jugar pelota invernal tan pronto terminen aquí. Simplemente, lo aman [al béisbol].

"Y eso, el entusiasmo y la pasión que sienten por la pelota, es contagioso", prosiguió el otrora receptor en las Grandes Ligas. "Es por eso que creo que todos nuestros peloteros se deberían unir detrás de Salvador a sabiendas de que aporta ese energía cada día".

Esa pasión viene como algo natural para ciertos peloteros, para los cuales ganar es un credo que no admite excusas por falta de deseo, aunque a la vez es un modo adicional para canalizar una enorme cantidad de energía hacia el ángulo positivo.

No se necesita hablar español para jugar pelota de manera efervescente. Así juega, por ejemplo, Lorenzo Cain. Y ese fervor se puede notar en veteranos como Alex Gordon o Ben Zobrist, o en hombres clave en el núcleo de los Reales como Mike Moustakas y Eric Hosmer, que sin tener la chispa del latinoamericano ciertamente son profesionales que sudan la camiseta con el entusiasmo de gente que simple y llanamente no se deja vencer fácilmente.

Ese deleite se palpa también en la propia rotación de abridores, encabezada por los dominicanos Johnny Cueto, Edinson Vólquez y Yordano Ventura, de quienes se nota que se parten el pecho por ganar.

"Hay que tomarlo como un trabajo, pero uno viene para acá a disfrutar del juego, ya que es un juego, a reírte, pase lo que pase", expresó Escobar al ser entrevistado sobre este tema por LasMayores.Com. "Tú quieres hacer las cosas bien, pero como es un juego quieres hacerlo de una manera divertida".

Y gozar no significa necesariamente darse golpes de pecho cada vez que pegan un imparable, ni ponerse a pegar brincos en cualquier momento, pero desde fuera se nota el sabor competitivo que reina en ese grupo de hombres que lleva el nombre Reales en el pecho. Gordon se dio el gusto de expresar su alegría físicamente en el juego sabatino al dejar escapar un despliegue de emociones después de conectar un doblete en un momento crucial, pero él mismo admitió que no es su característica.

"Ví como lo hacía [el boricua] Alexis Ríos la otra noche", bromeó Gordon. "Él usualmente no lo hace, así que decidí unirme a ese club".

El hecho de que disfrutan de lo que hacen convierte a los Reales en una novena peligrosa aún en los momentos más arduos, que es capaz de reaccionar como un frente unido ante los lanzadores más difíciles con la esperanza de lograr un objetivo común: avanzar al Clásico de Octubre y ganarlo por segunda vez en la historia de la franquicia.