A pesar de la aplicación de la tanda extendida en el sistema educativo nacional, no se han buscado soluciones para ampliar la propuesta deportiva en las escuelas.

El punto que más vergüenza produce es que no exista un plan para insertar el béisbol en el sistema educativo dominicano. Todavía abundan los planteles con un solo profesor de educación física, aunque se debe admitir que estos están mejor preparados que en la época, no muy lejana, en que marchar y jugar el “quemao” eran parte esencial del concepto de la materia de “deportes”.

Ha sido imposible que los gobiernos del país puedan lograr políticas que hermanen la educación y el deporte, aspectos indivisibles en la buena formación, la formación integral.

El deporte tiene la facultad de enseñar sobre la importancia del compañerismo y entre muchas otras cosas, enseña a perder y ganar que es lo mismo que decir: la vida.

El Instituto Nacional de Educación Física no acaba de recibir el presupuesto y las facilidades que necesita, incluyendo nuevas áreas destinadas al deporte.

Hacer unos Juegos Escolares cada dos años no mide el avance deportivo de nuestras escuelas y, al menos como simbolismo, practicar el pasatiempo nacional debe ser una obligación del sistema educativo. Y montar un torneo de béisbol “escolar”, como se hizo hace unos meses, a sabiendas de que no se practica este deporte en las escuelas públicas, ya tiene categoría de abuso.

La construcción de estadios infantiles es una necesidad al nivel nacional y se pueden hacer a razón de uno para 10 o 15 escuelas para decir un número.

Organizar los horarios no sería algo del otro mundo si existe la voluntad. Los colegios privados, con todo derecho, asumieron el fomento del fútbol y han causado una revolución nacional en esa disciplina; eso demuestra el poder de la hermandad entre deporte y educación.

Esperemos que lo entendamos un día porque lo que tenemos es penoso.