El modesto Legia sacó los colores al vigente campeón de Europa, un Real Madrid desconocido que se contagió del gélido ambiente de un encuentro a puerta cerrada, para dejar escapar dos tantos de ventaja y acabar empatando un partido de descontrol en el último suspiro gracias a un tanto de Mateo Kovacic (3-3).

Bale dejó uno de los goles que el día de su retirada aparecerá entre los mejores de su carrera. De un cambio de juego desde el costado izquierdo, sacó tras bote de balón sin controlarlo, un zurdazo a la escuadra desde el pico del área con un giro de cuerpo espectacular. Era el segundo 55 y el Real Madrid ya ganaba.

Kovacic tuvo una y regaló la opción de correr. Poco después mostraba una extraña pasividad en la marca y permitía a Odjidja Ofoe, avanzar, pensar y sacar un zurdazo imparable para Keylor.

Radovic agradecía las faltas de ayudas defensivas y la pasividad de la zaga madridista para empatar. Nadie salió a intentar frenarlo. Su derechazo se encontró además con el error de Keylor, muy lejos de su versión salvadora del pasado curso.

Prijovic dejó el disparo cómodo a su compañero para que Legia saborease un día histórico en competición europea.

Ya solo quedaba la heroica al Real Madrid que empató gracias a la visión de Carvajal, que asistió de tacón a la subida de Kovacic que soltaba un derechazo a la red. Y en el último impulso, con el partido pudiendo caer para cualquier bando, el travesaño evitaba el tanto del triunfo madridista tras el remate de Lucas.

El traspié ante el rival más débil del grupo complica al equipo de Zidane, prácticamente obligado a ganar al Sporting en Portugal y al Dortmund en el Bernabéu.