Tom Glavine es el clásico ejemplo de lo que le puede hacer un tremendo pitcher a los Indios de Cleveland en un Juego 6 de la Serie Mundial, porque el fabuloso zurdo congeló a La Tribu en un hit en ocho episodios para decretar la victoria por 1-0 de los Bravos y la coronación absoluta de Atlanta en la finalísima beisbolera de 1995.

A Glavine, que a la postre sería exaltado con sobrada razón al Templo de los Inmortales de las Grandes Ligas, sólo le hizo falta una carrera de apoyo en aquel Juego 6 y final, producida por bambinazo de David Justice, para dejar atónitos a los Indios.

Más de 21 años después, los Cachorros de Chicago saltarán al diamante en Progressive Field de la mano de otro excelente lanzador, Jake Arrieta, en un Juego 6 de la Serie Mundial, con la esperanza de extender la vida del Clásico de Octubre del 2016.

Arrieta, ganador del Premio Cy Young de la Liga Nacional del 2015, pudiera ser precisamente lo que le recomienda al doctor a unos Cachorros que ganaron 103 juegos en la temporada regular, pero que pareciera que no batean ni con la puerta de una catedral en los playoffs, ya que han sido blanqueados cuatro veces.

Mezquino con los bateadores en sus días de magia, al punto de que tiró tres blanqueadas en su glorioso año pasado, Arrieta ya sabe lo que es maniatar a los campeones de la Liga Americana en su propio patio por cuanto lo hizo en el Juego 2 en Progressive Field al limitarlos a dos hits y una sola carrerita en 5.2 capítulos.

"Aspiro a ejecutar pitcheos de calidad dentro y fuera de la zona de strike", es el objetivo de Arrieta, de ascendencia boricua, para tratar de evitar que sus Cachorros se vayan a dormir el sueño de los justos. "Debo tratar de ponerme arriba en la cuenta tan temprano y frecuente como pueda, para abrirme otras opciones.

"Pero al fin y al cabo es como otro juego en el cual uno necesita sentirse cómodo para ejecutar el plan de batalla", predicó el serpentinero derecho ganador de 40 desafíos en la suma de sus dos temporadas recientes. "Lo único en lo que pienso es en ser eficiente. La meta es mover la bola adentro y afuera, arriba y abajo, cambiar velocidades para mantener a esos tipos fuera de balance".

Tal vez el artillero del cual deba cuidarse más Arrieta sería el veterano Mike Napoli, que le pegó los dos únicos hits que toleró el miércoles de la semana pasada. La diferencia en aquel juego, empero, fue que los Cubs pisaron el plato cinco veces, algo a lo cual no han estado acostumbrados en la actual postemporada.

"Creo que lo que debemos hacer es permitirle a esos tipos [bateadores de los Cachorros] que hagan la rutina normal de todo el año", analizó Arrieta. "Sabemos que eso funciona a la larga".

Esa ofensiva de los Cachorros "funcionó" de manera relativa en el Juego 5, que ganaron por 3-2, pero anotaron en un solo episodio. Tal vez el elíxir perfecto para más rayitas pudiera ser la presencia en la alineación del bateador designado Kyle Schwarber, que le metió terror al pitcheo de La Tribu en los Juegos 1-2 en Progressive Field, pese a que tenía más de seis meses sin medirse a un serpentinero de la Gran Carpa.

Independientemente de que sus Cachorros le puedan ofrecer una amplia ventaja en la pizarra o que sean solamente como los Bravos de 1995 al regalarle una sola rayita a Glavine, Arrieta gozará de una ventaja de la cual han disfrutado poco los abridores de los Indios en la actual postemporada: descanso "normal" entre asignaciones.

"A uno le gustaría pensar que eso lo va ayudar", manifestó el manejador de los Cachorros, Joe Maddon. "Muchos de los lanzadores de las Grandes Ligas de la actualidad se han acostumbrado al descanso normal e inclusive a un día extra, en contraste con trabajar con un día menos de reposo. Y eso es especial en una etapa del año en el cual se produce adrenalina extra".

Dato histórico: La vez más reciente que los Cachorros participaron en un Juego 6 de la Serie Mundial, el 8 de octubre de 1945, igualaron la justa 3-3 con los Tigres de Detroit al imponerse en un festival de palos, al punto de que ambos equipos sumaron 28 imparables y 15 carreras a lo largo de 12 capítulos en Wrigley Field.