Como casi cada año, cuando se acerca el tiempo de los playoffs hay una cara que no deja de ser familiar para integrarse, lo más pronto posible, a los Tigres del Licey.

“Estoy practicando, poniéndome listo para hablar con la gente de allá y ver lo más pronto posible que podamos empezar a jugar”, dice Erick Aybar al ser entrevistado por Ildefonso Ureña y José Luis Mendoza en la Antesala Azul por televisión.

Luego de 10 temporadas en las Grandes Ligas y 14 años con los Angelinos de Los Angeles, el torpedero fue cambiado a los Bravos de Atlanta junto a Sean Newcomb, Chris Ellis y dinero en efectivo por Andrelton Simmons y José Briceño el pasado 12 de noviembre.

“Jugar pelota es como una bendición de Dios. Cuando vengo al estadio me pongo nervioso, ya que lo que uno quiere es estar jugando. Pero mientras tanto estamos apoyando y conversando con los muchachos”, declara el ganador del Guante de Oro en la Liga Americana en el 2011 e integrante del Partido de Estrellas en 2014.

Durante el verano con los Angelinos tuvo un promedio de bateo de .270 (597-161) con tres jonrones y 44 vueltas remolcadas. Anotó 74 carreras con 30 dobles y 15 bases robadas en 156 partidos.

“Creo que no hay nada más allá de ganar el campeonato aquí, colocarse esta chaqueta azul vale más que todo y por eso doy gracias a la directiva, los fanáticos y la gerencia general que siempre me apoyan en las buenas y en las malas”, agregó.

Su última participación con los Tigres se produjo en la temporada de 2013-2014 cuando vio acción en un partido en la serie regular (3-2, doble, triple, una anotada y dos empujadas), en el Round Robin bateó para .250 con ocho carreras remolcadas y nueve anotadas.

En la final se fue de 29-5 con un triple, 2 anotadas y dos empujadas.

“Las Grandes Ligas son un negocio ahora tenemos que ir a Atlanta para hacer una nueva casa, en nuestro último año de contrato para ver lo que pueda pasar”, dijo Aybar, quien ha estado en todas y cada una de las últimas tres coronaciones del Licey (2006, 2009 y 2014).