El tercer Clásico Scotiabank de Pequeñas Ligas finalizó el pasado fin de semana dejando otra inolvidable experiencia. El calor humano de los niños participantes en la justa de la categoría 12-13 años y sus familiares fue otra vez una inspiración para organizar un evento a la altura.

Los Lobos del Distrito son los campeones, pero los finalistas Halcones de Santiago merecieron el trofeo tanto como sus vencedores en una final decidida en entradas extra.

Pero fueron las sonrisas de niños y padres al final de la jornada el mejor regalo e incentivo para montar el cuarto clásico, cuyos trabajos ya iniciamos junto a Ambiorix Vidal.

La implementación de la revisión de jugadas fue un atrevimiento que salió bien, gracias al buen arbitraje y las condiciones técnicas.

Poner 25 juegos (de más de 40 que se jugaron) en televisión nacional es una faena costosa en tiempo y recursos pero los resultados avalan la continuación y extensión del evento.

Premiar con trofeos a todos los líderes y al equipo Todos Estrellas creó alegría en muchos hogares y, algo raro, las inconformidades fueron mínimas por no decir ninguna.

Recibir la visita de jugadores y familiares de las dos primeras versiones demuestra que se ha logrado el objetivo de juntar la familia en torno a nuestro pasatiempo nacional. Hace tres años era una aventura.

Hoy el Clásico de Pequeñas Ligas es una realidad que crece y se va a expandir.

El siguiente paso será formar el equipo que representará al país en la Serie Mundial Carl Ripken, donde el equipo del Clásico Scotiabank de Pequeñas Ligas logró el tercer lugar del torneo internacional.

Este año el reto es dar el paso grande y ganar el evento, y para eso iniciaremos los trabajos el próximo lunes con prácticas y fogueos que preparen nuestros niños para ganar.