No sólo los políticos sufren persecución debido a su pasado más o menos reciente. Una metedura de pata empuja ahora de forma inmediata a sumergirse en todo su historial biográfico para hallar el desliz, ya sea en forma de tweet, declaración o falseamiento de Currículum vítae. Esta corriente tan de moda se está trasladando también al deporte y, en este caso en concreto, a .

Tras el incidente en el que el prometedor pívot de los Philadelphia  se vio envuelto con aficionados de los Boston Celtics, rastrear algún otro reciente lunar se ha convertido en un —triste— pasatiempo. Pero gracias a ello hemos sabido que Okafor no ha estado todo lo correcto que debiera sabiendo que, considerado ya como una inminente estrella de la NBA, su vida, para lo bueno y lo menos bueno, será observada con lupa.

Hace tres semanas, informa el Philadelphia Inquirer, mientras cruzaba el río Delaware por el Puente de Ben Franklin, pisó el acelerador de su coche algo más —o bastante más— de lo legalmente recomendado. Una vía habilitada para una velocidad máxima de 40 millas por hora (unos 64 km/h), Okafor devoraba asfalto a 108 millas, o lo que es lo mismo, 174 kilómetros por hora.

A Okafor se le juntan los pequeños problemas. Disturbios con aficionados, posesión de armas e incidentes de tráfico. Cosas que quedarían rápidamente en el olvido como hechos aislados pero que, de tomar forma como un conglomerado mediático, podría empezar a manchar demasiado pronto la vida extraportiva de un jugador como no ha habido en muchos años en la liga americana.