Acabados los Juegos Olímpicos con una nueva medalla de oro para Estados Unidos –la segunda de su carrera–, Kevin Durant tiene ya puestos todos sus sentidos en lo que viene por delante; es decir, una emocionante temporada en la que tratará de quitarse –si es posible– el cartel de villano que le precede tras cambiar los Thunder por los Warriors.

Para ello, y coincidiendo con los motivos de su decisión, la nueva estrella de Golden State ha explicado, durante el lanzamiento de la colección de otoño de zapatillas Nike Sportswear, cómo de importante siente la posibilidad de hacerse con un anillo de campeón.

“El seguimiento y consecución de un título NBA lo es todo. Los premios individuales son importantes, pero el baloncesto es un deporte de equipo y el objetivo final es ganar un campeonato, no solo para uno mismo, sino para su ciudad, su equipo y su familia. No puedo esperar para experimentar esa sensación con mi equipo”, expresa en declaraciones recogidas por La Gazzetta dello Sport.

Una de las cuestiones que más preocupan desde que se sabe que jugará en los Warriors es cómo encajará con el resto de piezas, ya no a nivel baloncestístico –a todos les sobra talento– sino en relación a egos y liderazgos. Ante ello, KD explica lo siguiente.

“Un buen líder es alguien que una vez fue un aprendiz, alguien que encontró un modelo y aprendió de él. Así se descubren las cualidades necesarias para guiar a los demás y mantener el grupo unido. Estimular a los demás es lo más grande que puedo ofrecer como líder”.
Una década NBA

La próxima campaña será la décima de Kevin Durant en la liga, un número redondo que cuesta asimilar para el jugador de los Warriors, que aún ve su debut como si fuese ayer. “Es muy difícil creer que han pasado diez años desde que llegué a la NBA. Es como si el draft 2007 hubiese sido hace unos días. He crecido mucho desde mis errores… enfrentándome a la adversidad y siendo capaz de levantarme. Creo que es la razón por la que sigo jugando: ser cada día mejor y más fuerte”.