En cualquier ámbito la repostulación de quien dirige será buena o mala dependiendo de lo que quieran los dirigidos. La reglas establecidas y un ente autorizado para regir el proceso electoral en cuestión son la garantía de que se respete el deseo de los súbditos, por ponerle un nombre.

En el deporte dominicano son muy pocos los súbditos votantes, ya que las federaciones se ganan con los votos de los presidentes de asociaciones provinciales, un máximo de 32 sufragios.

Conseguir 32 votos en la cultura clientelista del país no es difícil y crearse mecanismos para descartar a contrarios despojándolo del derecho a sufragar o activar aliados para convertirlos en votantes, es algo que se logra con penosa facilidad en las eleciones deportivas. Estoy aprovechando que las elecciones de la Federación Dominicana de Lucha pusieron el tema en el tapete, pero el lío, que lo hay, de esa federación no es el primero ni el peor.

Este es un cáncer del deporte nacional y la única solución visible es la creación de un tribunal deportivo, que ya mencionábamos ayer. Estos son parte de los defectos de la relección en el caso que nos ocupa. Ahora bien, los grandes dirigentes de nuestra historia deportiva han sido relegidos en mayor o menor nivel. Hoy en día existen varios federados que son seguidos y queridos por atletas y dirigentes a su cargo.

Me quedo con los ejemplos, pero aquí todos sabemos quiénes están en la lista negra de los que mantienen el poder solo a base del billete del Estado, utilizado para hacer favores a los asociados cuando se acercan las elecciones. Una manera de conocer a los malos federados es que cuando viajan a un evento internacional llevan largas comitivas, como para tener alegres a todos con los fines antes expuestos.

El dirigente que trabaja con visión, aquel que ejecuta planes para forjar atletas, el que da cuenta de sus cuentas, el que va a elecciones con un contrario y lo vence con votos no alterados, ese  dirigente es necesario para desarrrollar el deporte nacional. Me quito el sombrero ante federados serios que prefirieron perder “la teta”, ante que prestarse al chantaje, al caliesaje y al abuso. Son menos, pero los hay y los he conocido.