El 30 de julio de 2012 fue uno de los días más tristes para la judoka brasileña Rafaela Silva. Con 20 años, era una de las favoritas en la categoría 57 kilos de los juegos olímpicos de Londres. Pero la ilusión se transformó en llanto cuando fue descalificada en octavos de final, por cometer un golpe no reglamentario ante la húngara Hedvig Karakas.

Cuatro años después, se volvió a encontrar con la europea en cuartos de final. En su ciudad, ante su gente, sus amigos y familiares de la Ciudad de Dios, que reunieron el dinero para verla, encontró la revancha.

Los fantasmas de Londres cayeron al suelo junto a su rival, y en sólo unas horas se transformó en la primera heroína de Brasil en sus Juegos Olímpicos. Tras derrotar en la final Sumiya Dorjsuren, representante de Mongolia, las lágrimas esta vez fueron de alegría.

Una historia tatuada en la piel

Rafaela creció en una de las favelas más peligrosas de Brasil, estigmatizada por la novela homónima que llegó exitosamente al cine. Su padre, que no la quería ver en las calles, la llevó al deporte inscribiéndola en una naciente academia de judo, sin saber que sería la llave para salir de la favela y convertirse en una atleta de elite.

“Yo vivía en la Ciudad de Dios, una favela en de Río de Janeiro, y había mucha violencia dentro de la favela. Y mi padre no quería que yo estuviera mucho en las calles, con los niños que se envolvían en las drogas y esas cosas. Ahí la asociación de moradores dentro de la Ciudad de Dios comenzó a hacer judo en la asociación y después yo fui a un instituto estadual cuyo presidente era Flabio Canto, atleta que fue medallista olímpico. Yo comencé con 5 años”, relataba la judoka en entrevista con Metro en plena preparación a fines de 2015.

Con 24 años ya tiene una exitosa trayectoria internacional gracias a sus inicios en Instituto Reacción, que después de 13 años ya tiene varias sedes en la “ciudad maravillosa” sacando a niños de la pobreza a través del deporte y otras iniciativas educacionales. Sin duda, Rafaela es su principal legado.

“Creo que un campeonato mundial es muy importante para un atleta, pero una Olimpiada no sólo es importante para el atleta, también para el país porque es una competición para el mundo entero y también es mi sueño, de mi profesor y de mi familia. Por eso creo que es un sueño que voy a poder realizar y compartir con todos mis amigos en mi casa.

 De todas las competiciones internacionales a las que yo ya fui, la medalla olímpica es la única que no tengo”, decía mientras entrenaba entre 4 y 5 horas a diario para alcanzar uno de los cupos olímpicos que se definían por ranking.

Los brazos de Rafaela dejan ver varios tatuajes, uno de ellos con la cita “O medo de perder tira a vontade de ganhar” (El miedo a perder elimina la voluntad de ganar), y otro con los anillos olímpicos que se hizo después de Londres 2012. “Acá siempre me dicen ‘ya compré entradas para la disputa de medallas, si no pasas me tienes que devolver el dinero’”, nos decía entre risas. Hoy Rafaela no tiene que devolver nada, ya es la primera carioca en hacer historia en Río 2016.

Palmarés

Rafaela Silva compitió en los JJ.OO. de Londres 2012, quedando descalificada en segunda ronda por un golpe fuera de reglamento.

•    JJ.OO. Medalla de oro en -57 kg (Río 2016).

•    Mundiales. Medalla de oro en Río de Janeiro 2013, Plata en París 2011 y Río 2013 (-57 kg).

•    Panamericanos. Medalla de plata en Guadalajara 2011 y bronce en Toronto 2015 (-57 kg).

•    Panamericano judo. Medalla de oro en Montreal 2012 y San José 2013. Bronce en Guadalajara 2011 (57 kg).