Los Cavaliers pueden estar tranquilos. Su gran estrella, LeBron James, ha disipado cualquier duda sobre su continuidad en el equipo al asegurar que no tiene planeado ir a “ninguna parte” y que se encuentra en “el momento más feliz” de su vida.

Estas declaraciones salen al paso de aquellas fuentes que a finales de mayo afirmaban justo lo contrario; es decir, que si el alero conseguía el anillo con los de Ohio cambiaría de equipo. Nada más lejos de la realidad: su decisión es defender el título que tanto le ha costado conseguir en su casa.

“Me encanta estar aquí. Amo a mis compañeros de equipo. Obviamente mi agente deberá hacerse cargo del papeleo y demás, pero estoy feliz. No tengo planes para marcharme a ninguna parte”, expresa en declaraciones a Cleveland.com justo antes de iniciar el desfile de campeones por la ciudad.

LeBron tiene una opción de jugador para el curso 2016-17 a razón de un año por 24 millones de dólares; sin embargo, lo más probable es que la decline para firmar un nuevo contrato más lucrativo, el cual podría superar los 30 millones por campaña.
Defensa en casa

No debemos olvidar que LeBron James nació en Akron, región a la que ha llevado el primer campeonato NBA de la historia, y región en la que ha pasado 27 de sus 31 años. Con esos datos, extraño sería que se hubiese resistido a defender en casa lo que tanto le ha costado conseguir. Sus palabras así lo hacen sentir: “Este es el momento más feliz de mi vida”.

¿Hay un destino mejor?

Más allá del elemento romántico, ese que le llevó a regresar tras cuatro años en Miami, y el mismo que ahora le ata a seguir jugando en su tierra, hay que plantearse si existe en la NBA un mejor destino para LeBron. En Cleveland tiene a Kyrie Irving, un base que ha superado a los ‘splash brothers’, y cuenta con la seguridad de que el núcleo duro del equipo está bajo contrato –Tristan Thompson, Kevin Love, Iman Shumpert y el propio Irving–. Con esos elementos, no veo un equipo que pueda ofrecerle un mejor futuro si su idea es seguir sumando campeonatos.