Solo una ajustada derrota ante Oklahoma City y Russell Westbrook evita que los Clippers cuenten todos sus partidos con victorias. La conseguida este miércoles ante Portland, su verdugo en la primera ronda de los pasados Playoffs, fue de las que resuenan por toda la NBA. El equipo de Doc Rivers sigue viviendo el mejor inicio de temporada de su historia con una paliza de escándalo ante un rival directo en el Oeste. Tras imponerse por un rotundo 111-80, los Clippers se colocan como líderes en solitario de la NBA con un balance de 7-1.

Dominio insultante

El parcial en el primer cuarto, 36-16, explicó a la perfección lo visto en el Staples Center. Con un sublime movimiento de balón, iniciado por Chris Paul (19 puntos, 7 asistencias y 4 rebotes) y con un Blake Griffin deslumbrante (22 puntos, 13 rebotes, 5 asistencias y 0 pérdidas) tanto finalizando como distribuyendo, los Clippers disfrutaron ante unos perdidos Blazers.

Damian Lillard (8 puntos, con un 1/10 en tiros de campo) jugó uno de los peores partidos que se le recuerdan, y nadie fue capaz de recoger su testigo. Solo Shabazz Napier, su reserva en el puesto de base, fue capaz de superar a duras penas los 10 puntos. Sin forma alguna de responder el sobrio ataque angelino, donde DeAndre Jordan (16 puntos y 9 rebotes) hizo lo que quiso con Mason Plumlee, la paliza acabó siendo inevitable.

Inicio de récord

Para colmo, la segunda unidad de los Clippers sigue funcionando, lanzada por un Marreese Speights (12 puntos y 8 rebotes en 15 minutos) que está encajando a la perfección en Los Angeles. Solo en el último cuarto, el equipo de Doc Rivers bajó el ritmo reduciendo a 31 puntos una ventaja que llegó a rozar los 50 en algún momento del partido. No hizo falta más. Por primera vez en la historia, los Clippers ganaron dos partidos seguidos por al menos 30 puntos. Y, aún más importante, parecen ya la alternativa más preparada ahora mismo al dominio de Golden State en el Oeste.