Que los papeles hablen con libertad, sin que la política ponga ni quite, sin que se omitan verdades ni se inventen datos. El caso de la Federación Dominicana de Fútbol, investigada por la Procuraduría Especializada en Persecución de la Corrupción Administrativa, marcará un precedente de importancia para el futuro de la política deportiva y los manejos de recursos de parte del movimiento olímpico.

La quejas de los futbolistas sobre los manejos de su federación son viejas, pero la coyuntura política le quita algo a la credibilidad de la investigación que se está realizando. Si esta misma investigación se hubiese realizado el pasado año tendría más peso del que tiene. Ojo: no niego que tenga peso, pero sin política sería mejor.

Por su lado, Fedofútbol debe sopesar los documentos  que presenta a la hora de defenderse porque las comunicaciones entregadas en la conferencia de prensa del viernes 18 de los corrientes están atrasadas, al punto de que a los medios (Metro las tiene desde la pasada semana) recibieron copias de comunicaciones mucho más recientes que niegan el mensaje de afinidad en las cuentas presentadas a Miderec, enviado en aquel encuentro con periodistas al que asistieron 12 presidentes de federaciones y el titular del Comité Olímpico Dominicano, Luisín Mejía.

Si las quejas contra Fedofútbol  progresan y los directivos de la entidad van al banquillo de los acusados, podría venir una ola de acusaciones a presidentes de federaciones nacionales por parte de dirigentes de sus deportes.

En algunos casos, esas acusaciones tendrán asidero y en otros serán pataleo del que se siente marginado de la toma de decisiones en su disciplina.

La credibilidad de los acusados y los acusadores está en juego y son los documentos los que deben tener la última palabra. Que no se encubra nada, pero que tampoco se invente por política. O sea, lo justo.