En ocasión del inminente retiro de David Ortiz después del 2016, al manager de los Mellizos, Paul Molitor, se le preguntó sobre los inicios del dominicano en Grandes Ligas en la década de los 90.

"Tengo buenos recuerdos de David como jugador joven", dijo Molitor, autor de 3,319 hits en Grandes Ligas y exaltado al Salón de la Fama en el 2004. "No sé cuánta influencia tuve yo, pero sí fue divertido verlo como muchacho joven porque él tenía mucho entusiasmo y, por supuesto, el talento".

Molitor fue compañero de Ortiz en partes de sus últimas dos temporadas como ligamayorista en los Mellizos, 1997 y 1998, precisamente los primeros dos años del quisqueyano en las Mayores. Más adelante, Molitor fue parte del cuerpo de coaches de Minnesota mientras Ortiz trataba de establecerse como primera base y bateador designado en dicho equipo.

Ortiz tuvo resultados mixtos en los Mellizos en sus primeras seis temporadas (58 jonrones y OPS de .809), siendo dejado en libertad por el club después del 2002. Pero luego de firmar con los Medias Rojas para la campaña del 2003, Ortiz se convirtió en la querida superestrella que es ahora mismo, con 445 cuadrangulares y OPS de .951 vistiendo la franela de Boston.

"Él tenía que aprender quién iba a ser y, una vez lo hizo, todos sabemos lo que pasó".

Cuenta Molitor, uno de apenas cuatro jugadores en la historia con promedio de por vida de al menos .300, 300 bases robadas o más y un mínimo de 500 bases robadas, que Ortiz-como muchos peloteros jóvenes-tuvo dificultades al principio de su carrera lidiando con los fracasos en el plato.

"Hubo muchos altibajos", dijo.

Al final de los años 90, Ortiz sí era un cotizado prospecto de los Mellizos. Pero lo que ha hecho-503 jonrones y 1,641 empujadas en total, además de tres anillos de campeón con los Medias Rojas-ha sobrepasado las expectativas de todos.

"¿Pude haber imaginado que él iba a tener una carrera digna del Salón de la Fama? A lo mejor no lo pensaba en esos términos.

"Pero sí sé que aun siendo un jugador joven y colmado de emociones, hubo momentos en que él nos cargó sobre sus hombros durante cuatro, cinco días seguidos".