La noticia llegó con la noche del domingo. Erick Almonte nos acompañaba en la cabina de transmisión del estadio Quisqueya y recibió  la llamada. Salí de la cabina, marqué el teléfono de una fuente que para el caso era infalible, y esa persona allegada al pelotero confirmó la terrible noticia.

Óscar Taveras había muerto al perder el control de su vehículo, un imponente Chevrolet Camaro rojo del 2014. También falleció su novia Edilia Arvelo.

La tragedia, de la cual se cumplió un año ayer, expuso la necesidad de educar a los peloteros para que puedan manejar el bien ganado bienestar que brinda el béisbol profesional a los afortunados que reciben bonos jugosos o que acceden a las Grandes Ligas.

Las 30 organizaciones de las mayores, todas con presencia en el país, han hecho esfuerzos por trabajar estos aspectos psicológicos, ante el cambio brusco que experimentan estos jóvenes que a la tierna edad de 16 años se topan con una cuenta millonaria y un viaje, a veces prematuro, a Estados Unidos.

La Dominican Summer League es un nivel rookie que se juega en el país y que sirve para aclimatar y educar al pelotero sobre lo que encontrará en EE.UU. y las cosas que se les facilitarán a los afortunados con bonos grandes o la llegada a las Grandes Ligas.

Óscar recibió US$140 mil para pasar al profesionalismo, un bono no millonario, pero sí una suma considerable. Además, viajó a Estados Unidos tras solo un año de verano, ya que enseñó un talento especial para batear con 42 remolcadas en 65 partidos.

Con apenas 22 años, debutó con los Cardenales de San Luis y conoció las mieles de un salario mínimo fuera de serie (alrededor de US$500 mil por temporada), más bonificación por ir a postemporada.

El sueño se hacía realidad, hasta que esa tarde aceleró demasiado mientras bebía alcohol, como luego se demostró. Quizás sea hora de cocinar más a nuestros jóvenes prospectos. Más tiempo en el país después de firmados, firmas más tardías; claro, con un sistema de juego que sostenga el desarrollo del jugador.