Juan Ramón Solano, Mirkin Sena y Leonel Santos, estos boxeadores oriundos del sector Los Mina fueron desarrollados en el club del entrenador Julito López y con 20 años o menos ya han dado medallas en las grandes citas del área y al nivel continental.

Ahora se abre el reto de los Juegos Olímpicos, y con sus puños por delante, sueñan con escribir sus nombres en la historia. Agradecen al boxeo la oportunidad de salir del entorno barrial y aspiran a más.

Bisoño. Juan Ramón Solano: 19 años y ya presenta un legado 

Uno de los grandes atletas juveniles que ha tenido el país en su historia, Solano comenzó su etapa en la selección de mayores con un respetable bronce en los Juegos Panamericanos de Toronto. El “lominense”  ganó un bronce en el Mundial Juvenil para clasificar a los Juegos Olímpicos Juveniles de Naijing, China y ahí se alzó con la presea de plata. Luchando con su baja escolaridad (7mo. grado), Solano se ve enfocado en lograr la condición física que le permitan sacar provecho de unos puños explosivos que le auguran un futuro dorado. Comenzó a boxear con el club de Julio López, entrenador que lidera la producción de miembros del equipo nacional en la actualidad. Es un diamante cuyo brillo ya se nota, aunque sigue el proceso para pulirlo. “El boxeo me ha salvado de muchas cosas. En Katanga están haciendo muchas huelgas, siempre faltan cosas y también ha subido la delincuencia. Aquí en la selección me siento seguro y libre de todos esos líos”, relató el peso welter, 69 kilogramos. Solano llegó al gimnasio guiado por su hermano Miguel Ángel y no se arrepiente. “Vamos bien, pero ahora es que tenemos que trabajar. Gané una medalla olímpica juvenil, pero eso se va a olvidar si no gano otra en mayores y eso es lo que más deseo”, expresó Solano.

Dama de hierro. “Me llevaron a boxear porque peleaba en la escuela”

La adolescencia le dio con pelear a Mirkin Sena y a los 14 años, a su familia no le quedó  más remedio que inscribirla en el boxeo. “Peleaba en la escuela y en la calle. Peleaba con todos”, contó la boxeadora con su sonrisa permanente. Medallista de bronce en Toronto y de plata en los Centroamericanos y del Caribe de Veracruz,  Sena cumplirá 20 años en diciembre. Comenzó a boxear a los 14 años. “Empecé tarde, pero me notaron el talento de inmediato”, dijo. Cursa el tercero de la secundaria y quiere licenciarse en educación física. “Todo es un sacrificio, vida incómoda, pero bonita. Uno entrena fuerte con un propósito”, explicó.  Considera que su disciplina “es bonita porque luego de los golpes, viene el abrazo al rival”. Con tres mujeres entrenando entre dos decenas de hombres, Sena no se amilana y lleva el ritmo en todos los ejercicios. “Aquí se ganan las peleas, en el entrenamiento. Luego en el ring se demuestra la preparación”, opinó. Junto a Yenebier Guillén, Sena levanta el boxeo femenino aficionado como pioneras en la rama. La familia siempre está presente para la peleadora. “Mi madre es profesora y mi padre tiene una metalera. Ellos se ponen nerviosos de ver a su criatura ahí arriba cogiendo golpes”, apuntó. En Toronto, Sena venció a la salvadoreña Karla Herrera para asugurar su presea.

Herencia. Padre de Leonel fue boxeador junto a Johan Guzmán 

Para Leonel de los Santos el bexeo es parte de la vida desde la cuna. “Me integró mi papá que era boxeador. Desde chiquito lo veía practicar y le dije que quería ir con él. Me dijo que era difícil; los primeros días me dieron duro, pero luego mejoré”, explicó. Relató que en un momento salió del boxeo, pero regresó pronto. “Comencé a ir a torneos locales y comencé a ganar medallas y eso me animó”. Su padre es Leonardo de los Santos, un excompañero de Johan Guzmán desde los tiempos de aficionados en Guachupita. “Siempre ha estado conmigo y ha sido una guía importante en todos los sentidos”, afirmó Leonel, aunque admitió que al final de su carrera, su padre lo llegó a preocupar. “No se preparaba bien y recibió muchos golpes porque bebía y andaba en la calle. También de ahí aprendí sobre disciplina, dormir bien y cuidar la alimentación”, dijo. Para entonces, Leonardo vivía más de su oficio de electricista que del boxeo. “Hoy en día sigue en la electricidad y le va muy bien”, apuntó. Recuerda que llegó pequeño a la concentración de la selección y tuvo que ganar peso con mucho trabajo. “Desde que comencé a viajar, las medallas llegaron y ahora es que empezó, pueden esperar mucho de mí”. Ganó plata en los Juegos bolivarianos del 2013 y oro en la Batalla de Carabobo, Venezuela.