La estadounidense Serena Williams accedió por quinta vez a las semifinales de Roland Garros, donde se medirá contra la holandesa Kiki Bertens, que a sus 24 años nunca había superado unos octavos de un Grand Slam.

El palmarés gigante de la menor de las Williams parece aun más impresionante al lado del de su rival de mañana, en el que el torneo de Nuremberg logrado justo antes de venir a París, es el único inquilino.

Pero la holandesa dio la sorpresa al vencer en cuartos de final a la suiza Timea Bacsinszky, semifinalista del año pasado, a quien derrotó por 7-5 y 6-2 en 1 hora y 52 minutos para lograr su undécimo triunfo consecutivo (en Nuremberg también jugó la fase previa), el quinto en París, un torneo en el que, hasta ahora, solo había conseguido 3 en cinco intentonas.

Bertens, la primera holandesa que accede al penúltimo escalón de Roland Garros desde 1971, tiene frente así una montaña, la número uno del mundo, que, sin embargo, tembló para lograr su clasificación para semifinales frente a la kazaja Yulia Punintseva, a la que finalmente remontó, 5-7, 6-4 y 6-1 en 2 horas y 9 minutos.

La número uno del mundo, que busca ganar su cuarto Roland Garros, el segundo consecutivo, estuvo por fases contra las cuerdas en una pista central de París que no se privó de abuchearla contra la 60 del mundo, una de las sorpresas del torneo, que hasta ahora nunca había jugado uno cuartos en un Grand Slam.

A sus 34 años, Serena, que pretende batir en París el récord de 22 Grand Slam que de momento comparte con la estadounidense Steffi Graf, cedió el primer set contra una tenista que, pese a su ránking, no había perdido ninguno.

"Creo que mi adversaria ha hecho un partido formidable. En el segundo set no pensaba poder dar la vuelta al partido, pero estoy feliz de estar en semifinales", aseguró la estadounidense sobre la kazaja de 21 años.

Nerviosa, descentrada, sin la facilidad que había mostrado en las fases anteriores, donde solo había cedido 17 juegos, Serena se mostró incluso en algunos momentos impaciente, como si quisiera finiquitar con prisas su duelo, sabedora que mañana tendrá que volver a la pista para disputar las semifinales y que el jueves está programada la final. La lluvia ha desorganizado el programa.

Lejos de aplastar a su rival, a la que había fulminado este año en dos sets en Indian Wells, Serena se encontró con una tenista aguerrida, muy cómoda desde el fondo de la pista, dispuesta a presentar batalla y alargar los puntos, justo lo que no quería la estadounidense.

La menuda Putintseva, que en la ronda anterior se había deshecho de la española Carla Suárez, duodécima cabeza de serie, se apuntó la primera manga y rompió el servicio de su rival en el primer juego de la segunda.

La reacción de orgullo de la Williams, gritona y gesticulante, visiblemente enfadada, igualó la contienda y, a base de potencia, la puso de su lado en el cuarto juego.

Reaccionó la kazaja en el séptimo, pero Serena había recobrado ya la potencia de su brazo, a medida que Putintseva se diluía.

Williams se anotó siete juegos consecutivos que dejaron el partido visto para sentencia.

La estadounidense jugará así sus sextas semifinales consecutivas en los torneos de Grand Slam.