Este viernes, el Congreso Extraordinario de la FIFA 2016  que se llevará a cabo en el Hallenstadion de Zürich, Suiza, tiene dos tareas principales: la primera es la de aceptar las recomendaciones de la Comisión de Reforma. Por ejemplo, una reducción en las comisiones de 26 a nueve representantes.

En segundo lugar, que la Copa del Mundo masculina ofrezca ocho lugares adicionales en las finales después del evento de 2022, es decir que desde la cita de 2016 haya 40 participantes.

“En la reunión se va a tratar de legitimar un deporte que hace mucho tiempo ha dejado de tener la credibilidad con la que nació”, dice Martín Avilés, reportero deportivo en Economía Hoy con sede en México. “Sin embargo, la FIFA está en el camino co-rrecto”.

La otra gran tarea consiste en elegir al sucesor de Joseph Blatter, quien dejará su puesto en las secuelas de escándalo de corrupción del año pasado.

De los cinco postulantes al cargo (el vicepresidente de la FIFA, el príncipe Ali bin al Hussein; presidente de la Confederación Asiática de Fútbol, Salman Bin Ebrahim al Khalif; el exejecutivo de la FIFA, Jérôme Champagne; el empresario sudafricano Tokyo Sexwale; y  el secretario general de la UEFA Gianni Infantino), Al Khalifa parece ser el principal candidato.

“­Salman pro-viene de un país con poca transparencia, rendición de cuentas, o participación democrática”, explica Alan Tomlinson, profesor de sociología  del deporte en la Universidad de Brighton. “Su afirmación de que no se presentaría a ser un ‘presidente ejecutivo’ es reveladora: por un lado, sugiere que no buscaría manejar a la FIFA a través de la microgestión con formas de manipulación, como lo hizo Blatter durante tanto tiempo. Por otra parte, podría implicar que él le está dando a la FIFA y las confederaciones el permiso para seguir como hasta ahora”.

Infantino, quien es el principal competidor de Al Khalifa, está de pie a regañadientes después de afirmar que se saldría si la prohibición del expresidente de la UEFA Michel Platini fuera anulada.

Expertos del fútbol están escépticos acerca de si alguno de los presidentes potenciales podría restaurar la empañada reputación de la FIFA, pero ciertamente es una posibilidad significativa de distanciarse de los vínculos dañinos que tiene el deporte con una cultura de corrupción.

“No creo que la crisis en el mundo del fútbol haya terminado”, dice Roger Pielke Jr., investigador sobre política deportiva de la Universidad de Colorado, EE.UU. “Pero leer la política del fútbol es mucho más difícil que predecir la Copa del Mundo.”