A lo mejor muchos lanzadores no se sienten a gusto al lanzar en el hogar de los Azulejos de Toronto, a donde algunos elevados que serían outs en los jardines tienen la tendencia a convertirse en cuadrangulares, pero el nudillero R.A. Dickey no es uno de ellos.

"Me encanta este parque", proclamó Dickey a una pregunta de LasMayores.Com. "Siento que tengo buenos resultados aquí. Es estupendo cada vez que puedes eliminar exponentes en la ecuación, que en mi caso particular es el clima. No me tengo que preocupar de la humedad o el viento cuando tienen el techo cerrado".

Ganador del Premio Cy Young de la Liga Nacional en 2012 al servicio de los Mets de Nueva York, a Dickey le urge que su bola de nudillos le funcione el martes, porque los Azulejos necesitan de una victoria para igualar la Serie de Cameonato de la Liga Americana a 2-2 con los Reales de Kansas City.

"Si puedo lograr el mejor punto para soltar la bola, puedo ser realmente consistente en la zona de strike", analizó Dickey, serpentinero que cumple 41 años de edad el 29 de octubre y que tiene amplia experiencia en los parques de ambas Ligas Mayores. "En mi caso, se trata de tirar strikes con un lanzamiento con el cual es difícil de hacerlo. Eso es lo que me hace efectivo. Si lo puedo hacer rutinariamente y el clima me ayuda, ciertamente es una ventaja para mi".

La bola de nudillos, un envío cada día más raro en la meca de la pelota, es pan nuestro de cada día para Dickey, canjeado por los Mets a los Azulejos el 17 de diciembre de 2012 en una transacción en la cual estuvieron envueltos siete peloteros. Es un lanzamiento tan peculiar, que usualmente ni su propio autor sabe a donde va en su recorrido hacia el plato. Y es un arte tan difícil de dominar que está prácticamente en camino a la extinción.

"Hay un tipo en Boston que se llama Steven Wright [ha dividido las tres temporadas recientes entre los Medias Rojas y las Ligas Menores] que es un buen especialista de la bola de nudillos", elogió Dickey, que a fines de la temporada de 2014 era el sexto pelotero de mayor edad en la Gran Carpa. Y probablemente asuma el relevo, cuando yo me vaya, al igual que yo tomé el bastón de [Tim] Wakefield, pero los números [de nudilleros en actividad] han ido en declive".

En realidad, la "sociedad" de los que tiran la bola de nudillos en la pelota profesonal es un núcleo cada vez más pequeño y pareciera que cada uno de ellos se conociera como si fuera parte de su propia familia.

"No quedan muchos tipos en las Ligas Menores que intentan lanzarla o que practican con ella", comentó Dickey. "Sé que hay un par de ellos en la organización de los Orioles de Baltimore. Pero uno nunca sabe. Es [el especialista de la bola de nudillos] como un par de medias viejas de las cuales uno no se puede librar. Pareciera que siempre hay uno por allí. Ojalá se pueda mantener esta tendencia".

En la trinchera contraria, los equipos que se miden a un nudillista, en este caso los Reales, saben que tienen una tarea totalmente diferente a la que experimentan cuando se enfrentan a un lanzallamas o, simplemente, a un lanzador "normal".

"Es solamente reacción", manifestó el dirigente de los Reales, Ned Yost. "Y mucho de eso tendrá que ver con Dickey. Si ejecuta sus pitcheos, mantiene la bola bajita y le está 'flotando' el envío de nudillos, será un hueso duro de roer. Si ese lanzamiento lo tiene 'plano', sería mucho más fácil de batear. No anticipamos que lo tenga 'plano'".

Yost sabe por experiencia propia lo difícil que puede ser un lanzamiento de nudillos porque como receptor tuvo la oportunidad de ser catcher de uno de sus autores más famosos.

"Tuve la experiencia de recibirle a Charlie Hough", recordó Yost de su época como receptor de las Grandes Ligas de 1980 a 1985. "Usted realmente no sabe qué es lo que va a hacer [la bola] de lanzamiento a lanzamiento. Hay que tratar de verlo y batearlo.

"Uno no puede decirse 'bueno, si arranca a la altura de mi cinturón la voy a dejar pasar porque va a ser una bola'', concluyó el dirigente de Kansas City.

Lo "malo" para el lanzamiento de nudillos en los equipos contrarios es que dejan un efecto de "mareo" entre los bateadores que luego no pueden quitarse en tres o cuatro días seguidos ante lanzadores "convencionales" y eso puede ser un factor enorme en una serie corta. De allí la importancia que tiene para Kansas City tratar de evitar que Dickey les empate la serie a fuerza de "mariposas".
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