Los desfiles de las escuelas que ya comienzan en el Sambódromo de Río de Janeiro, el punto central del célebre carnaval de esa ciudad brasileña, no parecían verse afectados por la alarma mundial en torno al virus zika, excepto por un punto: el alza en la adquisición de repelentes contra mosquitos.

Así, las ventas de aerosoles y cremas contra estos insectos, cuyas ventas han subido ocho veces en relación con el año pasado, señaló Paulo Guerra, portavoz de los laboratorios Osler, que elaboran estos compuestos.

Aunque la gran mayoría de los 5 millones de asistentes a la monumental fiesta, entre ellos alrededor de 1 millón de turistas, parece ignorar el riesgo de transmisión del virus, las autoridades prefieren no correr riesgos.

De esta manera, los primeros en desfiar en el “Templo de la samba”, hace 10 días, fueron unos 15 fumigadores. Ataviados con máscaras de gas y trajes amarillos, rociaron el recinto para prevenir la presencia de mosquitos Aedes aegypti, vectores del zika y de otros virus como el dengue, la fiebre amarilla y la chikungunya.

El carnaval llegó este año en medio del brote, que en 80% de los casos no causa síntomas y, en general, es más leve que el dengue, pero que científicos relacionan con una explosión de casos de microcefalia.
Los desfiles coinciden también con el complicado panorama económico de Brasil, que obligó a las escuelas de samba a apretarse el cinturón y apostar por espectáculos más baratos y simples.