De niño, ver una foto de Prince por primera vez provocaba cierto tipo de miedo. Un hombre con un leve bigote y mirada desafiante, usando una tachonada y encogida chaqueta de estilo militar, un pañuelo y no mucho más. Era una combinación curiosamente tentadora, peligrosamente atractiva.

La foto –la portada de una de sus primeras obras de 1980 “Dirty Mind”– no era algo nuevo, por ningún motivo. Pero estaba tan adelantado a su tiempo que aún podría sorprender a un joven de los 90 que crecía en los suburbios.

Incluso en comparación con otros músicos que desafiaban los límites como David Bowie, Jimi Hendrix, Sly Stone o, más tarde, Kurt Cobain (que usaba delineador de ojos y vestidos en el escenario), las provocaciones de Prince y su mirada existían en un plano diferente: mezcló la actitud del punk con la fabulosidad del glam rock y la psicodélica sordidez del funk.

Y a pesar de sus atuendos femme, su falsete jadeante y su ágil marco de 152 cm, era descaradamente masculino, haciendo alarde de su virilidad con su pelo corporal oscuro y su cofia resplandeciente.
 

Prince –posiblemente el músico más grande que haya vivido hasta ahora (podía tocar 20 instrumentos a los 12)– murió el 21 de abril a la edad de 57 años, dejando detrás un legado en la música y el cine que no tiene paralelo en el mundo del pop: “Purple Rain”,”Little Red Corvette”,”1999” y “Kiss”. Pero también dejó a miles de icónicas imágenes fabulosas de moda que cambiaron la noción de lo que una estrella del pop, un hombre, una persona, podía hacer y vestir.

Ese juego con el género fue evidente desde el principio. Tome su segundo álbum homónimo de 1979.

Ahí tenemos a Prince, desnudo, con un bigote porno-chic y su pelo ondulado a lo Farrah Fawcett, montando un Pegaso en la contraportada del álbum. Cuando los Rolling Stones llevaron a un joven Prince de gira en 1980, el niño prodigio de 20 apareció en el escenario en slips, medias hasta el muslo y tacones altos, lo que provocó abucheos y burlas homofóbicas de la multitud cuadrada del baby-boom.

Sin embargo, la cultura en general comenzó a, si no ponerse al día, al menos seguir a Prince. Demostró, por ejemplo, que uno podía usar lo que quisiera, divertirse con su feminidad y aún así obtener una chica –todas las chicas, de hecho.
 

Prince rezumaba sexo en la pantalla, ya fuera arriba de su descomunal motocicleta morada de Purple Rain o simulando sexo oral con una guitarra durante una de las escenas de conciertos de la película.

Su franca sexualidad, su belleza magnética, le dio a otros –desde Madonna y Cindy Lauper al dandy de Outkast Andre 3000 y hasta el ídolo adolescente Justin Bieber, quien llevaba una chaqueta Givenchy bordada con un dragón vagamente del tipo Prince al Met Ball el año pasado– el permiso para vestirse tan extrañamente y funk como quisieran.
 

Prince puede haber optado por prendas más modestas durante su edad media, pero nunca escatimó en lo fabuloso. Y permaneció resueltamente político en su vestir, mostrando en los últimos años un afro y hablando a favor del movimiento Black Lives Matter en eventos tan famosamente anodinos como los Grammys, por ejemplo.

Comenzó a ponerse lentes de sol con un tercer ojo, promocionando su imagen como un ser de otro mundo. Firmas de moda como Givenchy y J. W. Anderson han redefinido la moda masculina con una indiferencia al estilo Prince hacia la conformidad de género, añadiendo blusas con vuelos, faldas y trajes con impresión Paisley a sus líneas.

Aunque a pesar de su influencia duradera, es difícil imaginar que exista alguien absolutamente como él.

Fue un pionero inspirando a generaciones de niños a experimentar con el género, la sexualidad y la autoexpresión.

Como dijo el famoso rapero bisexual Frank Ocean en un homenaje al Hombre Púrpura: “Me hizo sentir cómodo con cómo me identifico sexualmente, simplemente por su alarde de libertad e irreverencia de la idea arcaica de conformidad de género”.
 

Prince hizo del mundo un lugar más colorido, más atractivo, más diverso y emocionante para vivir. Y lo hizo no sólo a través de su gloriosa música, sino a través de su estilo.