En una localidad de La Vega se ubica uno de los talleres de caretas de diablos cojuelos artesanales más importantes del territorio nacional. Daniel Antonio Hernández Lora empezó a participar en el Carnaval Vegano en el año 1987; lo hizo de diablo activo con uno de los trajes del maestro Pitágoras Lora. Fue entonces cuando su pasión se desató, a pesar de que de niño le temía a los diablos.

Tiene por lo menos dos pasiones en relación con la artesanía: la creación de las caretas de Carnaval y la enseñanza para confeccionarlas. “Luego de varios años, la persona encargada de elaborar mis caretas salió del país. A raíz de eso me puse yo mismo a inventar. Y como tenía conocimientos visuales del procedimiento, las hice, y con el tiempo la gente fue reconociendo mis trabajos. Me enamoré del trabajo”, nos cuenta el artesano.

Por su taller, ubicado en la calle 12, casa número 13, de Las Carmelitas en La Vega, han pasado todos los grupos carnavalescos del país, aunque en la actualidad le trabaja al de “Los Rankeaos”, que surgió en 2007 a raíz de la unión de estudiantes de la Universidad Tecnológica del Cibao (Ucateci).

Con él han aprendido numerosos jóvenes de La Vega y se siente muy satisfecho por contribuir al desarrollo de la educación y la cultura, aportado sus conocimientos. Hernández sabe bien que algún día tiene que pensar en el retiro, por eso uno de sus deseos es seguir formando la nueva generación para que pueda continuar el desarrollo de la cultura carnavalesca del país. Sin embargo, no se considera un maestro, aunque suelen llamarlo así.

Su obsesión radica en lo perfecto. “Cuando creas un trabajo que está perfectamente elaborado y puedes palparlo, verlo y que le agrade a la gente, uno se dice ´Eso está excelente, eso está maravilloso´. Uno siente alegría y emoción”, afirma.

Al hablar de sus padres le brillan los ojos, ellos fueron los primeros en reconocer su talento: “Mi papá, quien murió hace años, vivió mi trabajo, le gustó y sentía satisfacción cuando creaba algo nuevo”.

Este artesano tiene 16 años dedicado en completo al arte de fabricación de caretas de diablos cojuelos, una afición que con el paso del tiempo se ha convertido en un arte reconocido en todo el mundo, pero no es un trabajo con el que se pueda vivir. “Es algo difícil. Yo duré ejerciendo la presidencia de la Asociación de Careteros dos años y como artesano tengo la visión que no es un trabajo que te da estabilidad. La mayoría de los artesanos lo hacemos por pasión, porque nos gusta, aunque sí es un trabajo que remunera, pero no lo suficiente para vivir”, aclara.
 

Fabricación de caretas

Las caretas se construyen a partir de materiales de reciclaje. Se utiliza materia prima como papel de cemento, periódico, almidón, y debe tener un molde de arcilla que son las bases fundamentales para la fabricación. El principal instrumento de este artesano son sus dos manos, necesarias para moldear el barro con suavidad.

“No utilizo ningún boceto, dibujo o plano. Solo utilizo mi mente y creatividad. Antes se tomaba de referencia algún cacique de la historia, pero ya las caretas de diablos cojuelos de La Vega han cambiado mucho. Ahora lo que vale es la ingeniosidad y la destreza de la creación”,  explica Hernández, quien también trabaja ebanistería profesional.

¿Cuál es el precio?

Varían por el diseño. Hay caretas que pueden costar entre 7 mil hasta 10 mil pesos dominicanos. Siempre dependerá del diseño y los elementos decorativos que lleve.

Trabajo en equipo

Para el artesano, lo más esencial en cualquier trabajo, por simple que se vea, es el compañerismo. Por esa razón se encuentra rodeado de 16 personas que tienen designaciones diferentes.

“Esto es un equipo. Como artesano principal soy quien le doy forma a los moldes, pinto y termino de completar la careta. Los demás empapelan, pegan papeles a los moldes, hacen las dentaduras, le dan lija a las caretas, las decoran y les ponen un valor agregado. Esto genera entusiasmo y un ambiente de armonía. Somos una familia que cada año se fortalece. El compañerismo se logra cuando hay trabajo y amistad”, señala el caretero con entusiasmo.

Daniel Antonio Hernández Lora, de hecho, no se limita a la creación de caretas. Su tiempo libre se lo dedica a la ebanistería, construcción de muebles y todo aquello que tenga que ver con madera. Sin embargo, se prepara para el año que viene continuar aportando con sus diseños al Carnaval Vegano. Para Hernández, el arte no es solo una manera de “vivir” sino una forma de ver el mundo y darlo a conocer.