Hojear las páginas del libro Ecos de la costa. Travesía por el litoral dominicano es tan apasionante como conversar con Domingo Marte, su autor, a quien tuvimos la oportunidad de conocer personalmente.

Tengo que confesar que más que una entrevista, esta fue una conversación con un ser humano que en todo momento dejó sentir su amor por la naturaleza y porque en los dominicanos se encienda la chispa de conocer el país de punta a punta.

Para saber la génesis de esta obra que fue presentada recientemente con el auspicio del Banco Popular, tenemos que hacer un viaje a la niñez de este destacado ingeniero agrónomo, quien cuando tenía 9 años, junto a su familia, se trasladó de su natal San Francisco de Macorís hacia María Trinidad Sánchez.

Desde la sala de su residencia donde se observa el mar, este promotor medioambiental comenzó narrando que mudarse a Nagua le regaló la bendición de conocer el mar. “A partir de ese momento, quedé impactado por la belleza de esta gigantesca masa de azul, que bordea a República Dominicana”, aseguró.

Desde ese primer instante, surgió su amor y pasión por ese mar que como él dice “le habló con el ruido incesante de sus olas”. Esta historia está reflejada en su libro Recuerdos y memorias de Nagua.

Se hizo amigo del mar

En la infancia, donde su tiempo era dedicado exclusivamente a sus estudios, sus caminatas por la arena de las playas de Nagua se hicieron cada vez más extensas, además le surgió la inquietud de saber qué había detrás de cada punta hasta donde alcanzaba su vista. De esta inquietud que abrazaron su mente y corazón, Domingo Marte hoy sabe qué hay detrás del mar; conoce sus recursos y territorios; conoce el país en el ámbito marino y terrestre.

Su carácter explorador también le permitió conocer los recursos del Parque del Este, y así se fue enamorando de la relación que hay entre los corales y el mar y los mangles que, explicó, es un vivero de peces, camarones y otros juveniles. Así nació la idea de recorrer la costa entera.

Otro detalle que no podemos obviar es que en su etapa de infancia también dio sus pininos como Boy Scout, movimiento que educa a infantes y jóvenes con base en valores y juego al aire libre. Así empezó a explorar y a desarrollar habilidades relacionadas con la práctica de caminar.

Domingo Marte creció y en esa misma medida aumentó su pasión por el mar. Fue por eso que un día decidió hacer realidad su misión de que dominicanos y extranjeros tuvieran la oportunidad de conocer cómo el mar besa la tierra de nuestros 48,442 kilómetros cuadrados.

De la idea pasó a la acción. Hace tres años, este Domingo apasionado por la naturaleza y quien cursó sus estudios de ingeniero agrónomo en el Colegio Loyola y se especializó en Texas, Estados Unidos, emprendió la aventura por el litoral.

Año y medio caminando la costa

Escribir esto resulta fácil, pero caminar la costa no lo es tanto porque es realmente una aventura desde todos los puntos de vista. En esta travesía recorrió más de 227 playas, arrecifes y manglares. Su objetivo es que la gente conozca y promueva nuestro patrimonio con estas aplicaciones nuevas amparadas en la tecnología.

Antes de emprender el viaje, hizo una investigación con hojas topográficas e intercambió opinión con biólogos y conservacionistas. “Cada viaje tenía una preparación distinta. Yo salía los fines de semana y el recorrido siempre lo hice siguiendo las manecillas del reloj. Igualmente, la descripción del borde costero se hizo siguiendo este rumbo”.

Para realizar esta epopeya se convirtió en un hombre “team”. En su mochila tenía un cuaderno, un GPS, una camarita de video, que usaba junto con su cámara para tener registrados los datos que iba recogiendo en cada una de sus expediciones. Sus dos cámaras colgadas al cuello completaban su equipaje.

Además de estos equipos, antes de iniciar cada jornada se ponía en las manos de Dios para que Él fuera su guía. Un dato interesante es que en las páginas del libro recurre a hechos históricos cuando estos realmente ocurrieron en un punto del litoral. También, hace referencia a monumentos y a su gente.

Pasión por la fotografía

Además de su idílico amor por el mar, su pasión por la fotografía fue determinante para la materialización de esta obra de consulta y colección.  

Para hablar sobre su habilidad con la fotografía, el autor echó su mirada atrás, y dijo: “Desde los años 60 yo andaba con una cámara al hombro”. Y ese deseo de registrar la historia le dio la valentía para tomar fotografías inéditas durante la Revolución de Abril de 1965. Y para especializarse, hizo un diplomado de seis meses.  

Lo que vieron sus ojos

El punto de partida de esta travesía está en la desembocadura del río Masacre, en Manzanillo, justo donde comienza el territorio marino y terrestre de República Dominicana. Y termina en la desembocadura del río Pedernales.

En este tiempo recorriendo las costas del país, Marte pudo contactar las dos caras de la moneda: el estado de contaminación, así como la creciente conciencia ambiental que se ve en manejo que los habitantes les dan a estos recursos. El recorrido fue principalmente a pie y en bote, pues hay mangles que se pueden caminar, otros no. También cruzó muchos farallones, específicamente de Samaná a Sánchez hay pocas playas, y este trayecto lo hizo con algunos desembarcos.

A partir de estas informaciones que fue recolectando, Marte dividió el texto en 24 “trechos”,  en los cuales pudo palpar, ver, tocar y sentir que el territorio dominicano es hermoso, “Con este libro quiero que todos seamos promotores de la belleza que guarda este valioso recurso natural. Pero también tenemos que ser ejecutores del cuidado que merece”, exhortó.

Anécdotas y gratos recuerdos

Al contar esta historia, usted ya se puede imaginar que las anécdotas se podrían escribir en un rollo largo, como se usaba en el antiguo Egipto. Para realizar su travesía, Domingo Marte hizo una investigación exhaustiva del agua y la longitud de las playas y su relieve, y luego dividió la costa en 24 trechos.

Un dato que recuerda es que muchas personas le preguntaban si estaba cumpliendo una promesa. En cada trazo fue escribiendo si las olas eran grandes, si había acantilados, los sube y baja del relieve –la gente que lo veía también le preguntaba si iba a escribir un libro.

Nos contó que esos apuntes que hoy están en el libro, primero estaban escritos en un cuaderno, pero un día, al subirse al bote sintió el temor de perderlo.

Lo veían pasar por lugares que ellos no se atrevían a caminar. Nos cuenta que por esa audacia llegó a lugares asombrosos, silvestres, solitarios. Por ejemplo, por Luperón, que son poco conocidos.

Estuvo en la comunidad Piticabo, cerca de la Isla Beata. Es una comunidad de pescadores donde viven dominicanos y haitianos, con quienes tuvo la oportunidad de convivir en su hábitat, sin luz, ni agua potable, ni sistema sanitario.

Ecos de la costa es una invitación a conocer el país, su país, pero tampoco hacemos un programa de viaje. Contó que un amigo vio el libro y le dijo que saldría con su familia a descubrir las bellezas que tenemos. “Esa es la idea, que dominicanos y extranjeros conozcan y se enamoren de esta tierra”.

En ese momento, Domingo Marte invitó a Juana de Jesús, quien lo atiende en la casa, para que nos contara cómo él llegaba a su hogar tras las jornadas de visitar las costas, a lo que ella respondió: “Él llegaba quemado por el sol, demacrado, con picaduras de mosquitos, la ropa llena de cadillos”.

Ahora tiene más amigos

Con cara risueña, Marte destacó que tras realizar esta osadía ahora tiene muchos amigos, compadres de estos recorridos, y a algunos lugares volvió para reforzar las fotografías, para tener varias alternativas, con otros ángulos. Además, sobrevoló lugares que había caminado, lo cual le ha dado otra perspectiva. Por ejemplo, en la región sur y Beata, isla que sobrevoló dos veces, esto le permitió tener fotos con más amplitud que la terrestre.

Para mayor alcance; realidad virtual y vistas 360

Marte dice que el Banco Popular desarrolló una aplicación popularenlinea.com/CostaDominicana, a través de la cual se puede descargar el libro gratis.

Esta aplicación permite hacer un recorrido por las diferentes playas, geolocalizadas por región y provincias. A través de ésta, también puede acceder a la versión digital del libro y al audiovisual, que se convierte en una invitación al disfrute de estos espacios privilegiados regalados por la naturaleza. La descarga del libro está disponible para dispositivos iPhone y Android. Esta aplicación móvil incluye vistas en 360 grados de las playas y sus entornos sociales, culturales y humanos.

En total hay más de 100 playas, que tienen valiosas informaciones sobre en cuáles se puede bañar, pescar, hacer deportes; un valor agregado de esta aplicación es que el recorrido es georreferenciado. Puso como ejemplo la Playa Esmeralda, que tiene mucho valor para la pesca, y la cual aporta el sustento de millares de habitantes.

Créditos

Ecos de la costa. Travesía por el litoral dominicano integra la colección de libros que anualmente auspicia el Banco Popular a favor de la cultura, la educación, los valores históricos, artísticos y espirituales de los dominicanos, así como la protección del medio ambiente, entre otros temas.

El prólogo es del escritor José Alcántara Almánzar, quien considera que este libro es una “valiosa obra documental llamada a servir de guía visual de nuestro paisaje isleño, en un momento de transformación provocado por el imparable desarrollo turístico e industrial”.

Los textos fueron traducidos al inglés por Paddy Bianca Ieromazzo y al francés por Juan Carlos Mieses. Fotografías: Domingo Marte. Otras fotografías: Miguel Peralta.

Diseño y Arte final: Ninón León de Saleme.

A título personal

Las líneas que siguen las escribo a título personal:

“No perdamos la oportunidad de leer, hojear y conocer los lugares que nos presenta este libro que enamora”. Para muestra, las fotografías que ilustran esta entrevista.