Nunca como antes en la historia de los medios de comunicación de nuestro país la televisión dominicana se había encontrado ante tantos retos y desafíos que, dependiendo como responda la industria ante ellos, pueden implicar una renovación vanguardista hacia el futuro, o la desestabilización gradual del mayor exponente del entretenimiento audiovisual.

El surgimiento de la Web 2.0 y, como consecuencia, de plataformas como Youtube, Netflix, Amazon Video, Hulu y iTunes, ha captado una gran cantidad de usuarios que prefiere esos medios ante la televisión tradicional. Muchas de estas aplicaciones tienen un costo mensual asequible para la clase media, y sin dudas la experiencia al utilizarlas es satisfactoria, entre otras cosas porque podemos escoger el contenido que queramos sin esperar un horario específico.

Por otro lado, la crisis económica ha incrementado los precios de las producciones locales, y en algunos casos, luego de grandes inversiones, el producto no logra posicionarse y por consiguiente fracasa en ventas y termina en pérdidas para el canal. Ante esta situación muchos canales han preferido invertir en los llamados “enlatados”: novelas o series producidas en otros países,  y que distribuyen grandes cadenas como Univisión, Telemundo, RCN y Globo. Muchas novelas han demostrado ser éxitos rotundos en ratings y en ventas, lo que confirma que la apuesta de los canales hacia ese modelo les ha permitido mantener una pantalla caliente.

Pero el gran problema de la televisión dominicana es la falta de innovación y creatividad en las producciones locales. ¡Tenemos los mismos formatos de programas de entretenimiento y variedad de hace dos décadas! En algunos casos, los informativos sí se han modernizado, manteniendo un buen porcentaje de la audiencia diaria de los canales. Los programas de panel y de opinión necesitan urgentemente un aire nuevo.

Los canales deben exigir y promover la calidad y una cultura creativa, de lo contrario cualquiera con una cámara adelante puede hacer un programa, pudiendo esos espacios servir de oportunidad para cientos de jóvenes que se han formado profesionalmente para la televisión. ¡Hay que entender que la audiencia de los 90 y 2000 no es la misma de esta década!

Otra situación que amerita prioridad es la disposición de un reglamento jurídico que incentive las producciones locales de televisión. No solo de programas, sino también de series y novelas. Las series se han convertido en una tendencia global, y en el país hay muchos productores con gran capacidad creativa para desarrollar guiones y producciones con estándares internacionales.

La televisión no solo puede depender de los ingresos publicitarios, ya que cuando los ratings están altos el poder de negociación lo tienen los canales, pero cuando están bajos el poder de negociación lo tienen las agencias.

Un buen rating o share de audiencia no depende solo de la programación, sino de múltiples factores como el encendido de televisión, que muchas veces se ve afectado por la carencia de energía eléctrica en algunos sectores. Necesitamos que la televisión sea un negocio estable, y por eso urge la creación y aprobación de una ley que otorgue incentivos, como se ha hecho con las producciones cinematográficas.

Solo de esta manera podremos recuperar la industria, y avanzar hacia una nueva era, para de alguna manera acercarnos a los estándares de la televisión en Norteamérica y algunos países suramericanos, como Argentina, Perú y Brasil.

Por eso la importancia de realizar eventos como Imaginativa TV, una idea fenomenal de Edilenia Tactuk, a quien aprovecho para felicitar por una iniciativa que busca rescatar nuestra pantalla chica.