En un pequeño pueblo de La Vega, llamado Altos de Hatico, vive Ángel Fidelio Jorge, conocido como el “Maestro Fillo”. Es un señor de alrededor de los 60 años, bajo de estatura, ojos marrones achinados y despiertos, cejas gruesas, cara ancha, piel rústica morena clara, y canas que bordean su cabello brillante.

Es una de las figuras más emblemáticas y el responsable de vestir a numerosas comparsas de diablos cojuelos en el carnaval vegano. Pero no solo le diseña a comparsas de La Vega, sino que también lo hace para otras provincias del país. Fillo tiene 42 años en este oficio.

Tiene un taller que lleva su nombre, ubicado en la parte trasera de su casa. Reducido, de bloques, cobijado con zinc y repleto de máquinas antiguas de coser, los acoge a él y a sus empleados, quienes no paran de trabajar. Los extremos están salpicados de luces de lámparas de calle, azules y verdes.

En el taller se puede observar que cuenta con una máquina de coser gris Juki, aproximadamente 30 conos de hilo grandes y otros 50 pequeños de distintos colores, acomodados en tubos en un orden que solo el sastre conoce, la ropa de sus clientes, herramientas más pequeñas como tijeras, alfileres y agujas.

“Soy el sastre con más años ininterrumpidos en La Vega”, resalta el diseñador, quien ha sido el único sastre en ser elegido Rey del Carnaval Vegano. “He ganado seis premios ‘sastre de carnaval’ y he representado el país en varios eventos internacionales”, señala, mientras sus manos y pies no paran de coser un traje blanco con círculos redondos azules y rojos que sería utilizado en el inicio del desfile.

Dentro del taller se vive un ambiente de alegría, paz y entusiasmo. Como maestro y jefe de su negocio, se sienta delante, pero bien centrado, como si estuviera dando clases, y a su espalda lo acompañan jóvenes, que más que trabajadores, dan la sensación de ser estudiantes. Juntos les dan vida a los trajes que él diseña.

Este taller es el sustento de toda su familia. Uno de sus hijos es el administrador. “Siempre la familia está ligada aquí”.

“Me he ganado la vida diseñando trajes de diablo cojuelos y para mí es lo máximo”, cuenta Fillo, quien nos brinda una sonrisa en cada una de sus palabras. “Este año hay una diversificación en los diseños, algo novedoso que no se había visto en ningún carnaval vegano, y es que los trajes se están confeccionando con telas de microfibras y telas de muebles muy costosas”, concluye.

Frente al taller está su casa, pero allí opera también el área de soldadura de su taller. Un señor con careta de soldador empalmaba las esquinas de dos gigantescas máscaras. A la salida del taller se encontraban una carroza que, según se supo, años antes era movida por hombres y este año será desplazada por motores.

Las carrozas pueden variar en diseño y textura. Han sido creadas por personas dedicadas a la artesanía, carpintería, ornamentación, quienes le imprimen su sello de originalidad y toda la riqueza cultural de la región, y aunque el Maestro Fillo no se dedica a eso, cuenta que ayuda a su hermano en la decoración. 

“En la parte de las carrozas, mi hermano es el que más se entiende con eso, aunque yo soy el que le da la mano en lo decorativo, y en las telas, pero en lo cultural es él. Mi equipo de trabajo, a veces por la tardanza, lo ayuda”, explica el sastre.

Artículo de alto valor

El Maestro Fillo revela que un traje de diablos cojuelos puede costar un promedio 20 mil pesos, pero que eso depende de las telas. “He perfeccionado trajes de 35, 40 y 100 mil, y hasta de menor precio, por ejemplo, ocho mil. Pero no incluye la careta”, dice.

Él es uno de los promotores más entusiastas de la etapa moderna del evento cultural que se apodera de las calles de la ciudad de La Vega cada febrero, y tanto el artista como sus descendientes forman parte del grupo “Los Escorpiones”.

Fue él quien recibió a la exreina de Miss Universo, Amelia Vega cuando regresó al país tras ser ganadora del concurso.