La adaptación de la exitosa novela escrita por Paula Hawkins, La chica del tren está en de los cines para enviarnos a un viaje lleno de secretos, mentiras, pasión y asesinatos. Emily Blunt da vida a Rachel Watson, una mujer divorciada, deprimida y hundida en una adicción al alcohol. Durante sus viajes matutinos a Nueva York, ella imagina la vida que llevan las personas que habitan en las casas que se alcanzan a ver desde el tren. Se ven tan perfectas, hermosas, estables y rodeadas de amor.

Por si fuera poco, Rachel solía vivir en una de esas casas, con su entonces esposo Tom, quien ahora la comparte con su nueva pareja, la misma con la que cometió la infidelidad que los llevó a divorciarse.

En uno de esos trayectos, Rachel alcanza a ver a una de las habitantes de las casas con un hombre que no es su esposo. Este hecho desata en la mente de Rachel locas conspiraciones que la terminan involucrando en un asesinato cometido en ese vecindario.

Al respecto de esta aventura y personaje, Emily Blunt compartió con Metro los retos que representó para ella esta película y el complicado personaje que interpretó.

¿Qué fue lo que detectaste en el guión cuando lo leíste? ¿Estás de acuerdo con las críticas de género que ha recibido esta película?

Creo que lo que se nota es la doble moral. Creo que la gente quizá se está preguntando si esas mujeres están representadas bajo un aura antipática, pero creo que hemos visto muchas películas donde los personajes masculinos también son representados bajo la misma luz, cometiendo errores. De hecho,
creo que es más raro que se presenten personajes femeninos así de equivocados y una de las cosas que más me enorgullecen de esta cinta es que pone el foco sobre una mujer que se equivoca todos los días, como cualquier ser humano lo haría.

Creo que es muy común en la vida cotidiana, oyes de eso en repetidas ocasiones; yo lo he escuchado de mis amigos. Pero en última instancia, realmente siento que esas mujeres que se menosprecian unas a otras y a quienes la situación las hace sentir menos o incompletas de cierta forma, terminan uniéndose.

¿Qué tan desafiante fue para ti interpretar este personaje mientras estabas embarazada?

Creo que para mí el primer trimestre del embarazo se ve acribillado por las náuseas y la fatiga, y eso fue lo que padecí en algunas ocasiones porque no soy de esas actrices que se atormentan con el personaje que están interpretando. De hacerlo, me habría parecido imposible vivir conmigo misma si hubiese estado metida en el personaje todo el tiempo, así que tuve que seguir encontrando maneras de desapegarme y desconectarme de ella. Me volví la reina de las siestas en el set. Cada vez que tenía al menos 10 minutos me iba a mi trailer y caía rendida en segundos. Me encantaba.

Tu personaje es especial porque además está siendo torturado. ¿Cómo fue interpretar esta parte que no es tan común de ver en películas?

Fue muy emocionante  porque contamos con un director de fotografía que realmente captaba este concepto de manera hermosa y me encantó la idea de lo que pensamos que vemos y lo que no vemos. Y la línea entre ambas en esta historia se difumina mucho y se vuelve muy fácil de manipular. Creo que esto era algo que visualmente había que captar. Emocionalmente, tuve que interpretar a alguien que no podía recordar lo que había hecho y recordaba solo fragmentos de una realidad que le parecía lejana. Esa combinación de lo que resultó el viaje emocional para mí y las imágenes que captó el director me parecen que impactarán al público.

¿Cuál fue la escena más difícil de hacer?

Hay una escena en el baño de Grand Central Station donde escribe con su lápiz labial en el espejo y representa el pináculo de su alcoholismo rabioso y donde debía aparecer realmente atemorizante de tal forma que te convenciera de ser una sospechosa de asesinato.

Esa escena era muy importante porque había que mostrar todos esos sentimientos que Rachel guardaba. Hubo muchas otras escenas con peso emocional, pero esa en especial era muy importante. Yo nunca realmente planeo cómo voy a enfrentar esas escenas, no la ensayo ni la practico.

Me aprendo las líneas de memoria y trato de no ponerles ninguna intención hasta que ya la vamos a filmar. De esa forma descubres cosas un poco más espontáneas y algo que no esperabas hacer.

Una de las cosas más complicadas al rodar una película es que las escenas no se filman en orden cronológico sino que se saltan de un momento a otro. ¿Cómo hacías para sintonizarte con cada momento de la historia?

Esta especialmente requirió mucho de eso. Cada día estaba realmente concentrada. Cada vez que iba a la filmación repasaba en el camino la escena que íbamos a filmar y pensaba de qué momento venía Rachel y en qué estado de su alcoholismo se encontraba.

Además, hubo escenas que tenían que filmarse varias veces representando cómo iba Rachel reconstruyéndolas en su mente.

Entonces podías jugar con algunas de las versiones para descontrolar a la audiencia, pero en cierto punto ya había que filmar la versión real. Fue complicado no solo de filmar sino también de editar.

Cada vez vemos personajes más complejos para las mujeres de la industria. ¿Significa esto que por fin está llegando el cambio?

Bueno, creo que el cambio sucede a fuego lento. No siento que sea un cambio que suceda de golpe. Pero creo que el tema ha logrado colarse entre la conversación de la industria y espero que permanezca, porque creo que las mujeres estamos desmotrando que somos capaces de hacer dinero y eso es lo que finalmente mueve a Hollywood.

Así que con eso espero que se acabe esa idea de que las mujeres solo servimos para hacer películas para chicos adolescentes.

¿Crees que la gente acepte cada vez más películas como esta?

Ya veremos cómo reacciona la gente, pero hay una razón por la que la gente amó el libro. Y es que no minimiza los misterios que hay en la vida doméstica ni oculta la brutalidad ni la antipatía que generan mujeres así. Creo incluso que la gente puede identificarse con algún aspecto de estos personajes.