Análisis

¿Quiénes realmente mantienen el negocio de Alta Costura en la actualidad?

Según las fuentes oficiales, el público de la Alta Costura son 2,500 personas en el mundo. Pero ahora, si bien hablamos de quiénes conforman el negocio, para la Segunda Guerra Mundial había 40 mil personas que representaban la mano de obra calificada, hoy hay solo cuatro mil.

La pérdida de dinero es en realidad una forma alambicada de publicidad, porque las grandes casas pierden en la Alta Costura, pero ganan, porque el imaginario crece. Y venden lentes, perfumes. Y medias de marca. Y ahí se ganan miles de millones. El hacer y exhibir Alta Costura asegura presencia mediática para la producción en serie.

¿Se ha hecho algún intento por revivir el negocio?

Recientemente se intentó hacerlo, como sucedió con Nicolás Ghesquiere y Alexander Wang y con Raff Simons y John Galliano en Dior. Pero ambos casos fracasaron: no pudieron responder a la expectativa mediática, ni con palacios llenos de flores. La moda es la ópera del mundo actual, pero existe a ese nivel para vender tonadillas por abajo.

¿Y qué pasa con esas nuevas millonarias chinas y rusas que representan ahora el poder adquisitivo?

Dice Karl Lagerfeld que las 2,500 personas que compran Alta Costura son gente tan rica y tan secreta que ni siquiera salen en Forbes. Son jeques. Esposas de millonarios rusos. Pero ellas realmente no sostienen al negocio, que hace aguas por todos lados. El verdadero dinero viene de la venta del producto masivo.

Entonces, ¿cuál es el fin último de los desfiles?

Porque desfile enorme es igual a enorme exposición mediática, que es igual a enorme mención en redes e igual a subida del deseo por la marca de manera incontenible. Y es tanto el deseo, que acaban vendiendo perfumes porque el negocio es el imaginario de la marca, respaldado por esos sueños de oropel.