El filme dirigido por Dexter Fletcher revela la leyenda detrás de una de las figuras más amadas del salto de esquí, producción donde Jackman interpreta a Bronson Peary, un entrenador estadounidense ficticio que inicialmente está reticente a entrenar al inexperto Eddie (Egerton), con quien forja una linda amistad.

¿Cuál fue tu primera reacción a la idea de una película de Eddie “El Águila” Edwards?
Yo sabía todo de Eddie, es algo así como una leyenda en Australia. Personifica esa actitud de intentarlo que caracteriza a los australianos, quienes prefieren a alguien que lo intenta y no alguien que es seguro, aburrido y gana. Realmente no nos gusta ese tipo de persona. Cuando leí el guión me pareció muy enaltecedor. Es conmovedora al mismo tiempo que graciosa, y soy un gran fanático de los deportes, así que ese ángulo me intrigó.

¿Crees que personas como Eddie nos recuerdan que las Olimpiadas fueron fundadas con la idea de competencias amateur?
Totalmente. Es un deporte a un nivel muy alto de resultados y de logros, muy bien afinado. Este chico, que hizo su primer salto dos años antes y decidió que quería ir a las Olimpiadas, entró por un tecnicismo y lo logró. Fue fantástico. Lo que también es interesante de este libreto es que realmente captura ese momento de cambio cuando el deporte se vuelve más profesional.

¿Cómo crees que Taron ha interpretado la personalidad de Eddie?
Me impresiona, enorgullece e impacta lo que hizo Taron. Es algo realmente difícil interpretar a alguien, y él no está haciendo una imitación. Tiene la esencia de Eddie, su optimismo y humor. El positivismo y la actitud de nunca darse por vencido están ahí, y debajo de eso, lo que realmente ha capturado es la vulnerabilidad.

Tu personaje Bronson es el opuesto de Eddie ¿Crees que esto será atrayente para el público?
Es cierto que de muchas formas son opuestos. Es un poco una historia de redención, particularmente para Bronson Peary, pero también para Eddie. Se trata de asumirte a tí y a quien eres. Bronson Peary tenía muchísimo talento, y era algo así como un prodigio cuando comenzó, y se esperaba que la hiciera en grande. Pero no tenía la disciplina y no tenía la humildad. Era elitista, era rebelde y odiaba que le dijeran qué hacer.

Lo que lo hizo brillante también fue su caída al final.
Te encuentras con un hombre en esta historia, veinte años después de que lo corrieran y arrepintiéndose a cada instante. Está viviendo una vida de mucho dolor por eso y de mucho arrepentimiento. Está bebiendo y viviendo una vida todavía en las pistas. Sigue ahí, porque es lo que conoce y quiere. Es ese tipo de persona que dice, “muy bien, nadie puede destruirme más que yo mismo”.

¿Cómo fue la relación laboral con Taron?
He disfrutado mucho el trabajar con Taron y trabajar en esta relación porque se convierte en una verdadera amistad. Bronson Peary no quiere un amigo, y no quiere entrenarlo. No quiere a este chico en su vida. Es la persistencia de este chico lo que lo logra, y reticentemente y a regañadientes le cambia la vida por esta amistad.

¿Te sentís tentado a intentar un salto cuando estaban en el lugar real?
Me moría por hacerlo, pero es difícil lograrlo (risas). No, no hice los saltos, pero sí esquié un poco porque mi personaje salta. Queríamos obtener la toma de él entrando.
Subí por esa cosa, y viéndola, pensaba: “Subiré hasta la mitad de la colina”. Iba a un octavo de la colina y ya estaba pensando: “Bueno, es bastante alto...” Finalmente, subí y subí, pero sólo fue la subida. Ni siquiera hubo salto. Así que no, no lo intenté. Me porté bien.