¿Qué es lo que hace que una vida sea mágica?  

¿Qué es lo que hace que una persona lo intente y lo intente, y después falle, y más adelante se frustre, hasta que a final de cuentas logre alcanzar el éxito? Y, después, ¿qué es lo que transforma todos los altibajos exasperantes que vienen inmediatamente después del éxito en una sensación continua de alegría y descubrimiento?

El octavo filme de David O. Russell, Joy, el nombre del éxito, analiza cuatro décadas en la vida ascendente de una madre soltera convertida en magnate empresarial, para analizar que la osadía, la resiliencia y la persistencia de un sueño pueden llevar a la gente de lo ordinario a momentos extraordinarios de creación, empeño y amor.

Basada libremente en la vida y progresos de la inventora y estrella de la teletienda Joy Mangano, la historia de Joy, el nombre del éxito sigue el desenfrenado camino de una familia trabajadora, pero hasta cierto punto fracturada, y de la joven que a fin de cuentas se convierte en su brillante matriarca y líder por derecho propio.

Impulsada por inventar, pero también por cuidar a aquellos a su alrededor, Joy experimenta en carne propia el abuso de confianza, la traición, la pérdida de la inocencia y las cicatrices del amor, mientras encuentra el eslabón y la fe para ir tras los que alguna vez fueron sus sueños reprimidos. El resultado es una comedia emotiva y humana acerca del ascenso de una mujer –que navega por el despiadado mundo del comercio, el caos familiar y los misterios de la inspiración, mientras encuentra una fuente inflexible de felicidad.

Esta película viene inmediatamente después de The Fighter, Silver Linings Playbook y American Hustle, las tres de David O. Russell, que entre todas han recabado 25 nominaciones al Oscar. Cada una dio rienda suelta a una variedad inolvidable de personajes cinematográficos, pero también apuntaban a una idea particularmente absorbente: el encanto y las dificultades de cuando uno se reinventa.

Joy... toma esa misma idea, pero la lleva a un lugar nuevo, una vez que Russell se plantea la pregunta de cómo una persona, enfrentada a circunstancias caóticas, a obstáculos infinitos y a un largo camino por cuestionarse a sí misma, forja una vida significante y placentera. Mientras la vida de Joy sigue adelante, el estilo del filme le presta atención al pasado, una vez que repasa y rediseña el arte y el melodrama del cine clásico de Hollywood para nuestros tiempos cargados de imágenes.

El filme tiene como estrella a la ganadora del Premio de la Academia Jennifer Lawrence (American Hustle, Silver Linings Playbook, la serie de The Hunger Games) en el papel de Joy; una interpretación llena de matices, que va desde su juventud hasta entrados sus cuarenta; de sus sueños aplazados a luchar por su honor, hasta esforzarse por alcanzar la autorrealización.

Jennifer Lawrence, que acaba de ganar el domingo el Golden Globe como mejor actriz por esta cinta, comenta que “esta es una historia que trata de muchas cosas. No sólo es la historia de Joy. Es acerca de la familia, la imaginación, la fe en ti mismo, de la crueldad del éxito y de lo que significa cuando lo encuentras. Pero, sobre todo, me fascina lo mucho que cambia Joy”, cuenta.

“Me encantó haberla llevado de ser vulnerable y menospreciada a fría y fuerte, y me gustó que se convierte en una matriarca auténtica de su familia”.

A Lawrence se le une un ensamble de gran envergadura habitual en el cine de Russell, que incluye a Robert De Niro como el geniudo, pero muy romántico padre de Joy; a Edgar Ramírez como el exmarido de Joy, un músico en apuros que vive en el sótano… con el padre de Joy; a Diane Ladd, como la abuela perspicaz e influyente de Joy; a Virginia Madsen como la madre de Joy, una mujer adicta a las telenovelas; a Isabella Rossellini como la amante adinerada italiana de su padre; a Dascha Polanco como la amiga y confidente de toda la vida de Joy; a Elisabeth Röhm como la hermana rival de Joy; y a Bradley Cooper como el ejecutivo de teletienda, con aires de magnate, que se convierte tanto en aliado como en adversario de Joy.

En busca del éxito

Joy... se une a un extenso legado de filmes de gente que va tras sus sueños de conseguir el éxito en el trabajo y con la familia, pero lo hace a su propia manera cómica, emotiva e ingeniosa. La historia comenzó con la narrativa insólita pero de la vida real de Joy Mangano, quien en la década de los 90 se convirtió en una especie de estrella televisiva y fuerza empresarial con una serie de inventos caseros, incluyendo el famoso Miracle Mop (Trapeador Milagroso) “que se exprimía solo”, con el que dio inicio el imperio comercial de la madre soltera de Long Island, que todavía sigue en curso.

La historia, con sus entornos cotidianos, pero sueños desmedidos, llamó la atención de David O. Russell, al que siempre le ha atraído esa mezcla muy específica. Vio en ella el desarrollo de una mujer ingeniosa y con agallas, así como una historia inspiradora de alguien que aprovecha la oportunidad de ir tras sueños por mucho tiempo sepultados, sin perder su esencia de lo que debe ser el sentido de la obligación familiar.

Pero por sobre todo, vio la oportunidad de contar una historia más universal, una acerca de la naturaleza verdaderamente caleidoscópica del esfuerzo humano, y de todos los restos y fragmentos multicolores que entran en juego para crear una vida satisfactoria y vivaz en medio de la comedia y la tragedia de la condición humana.

Russell cuenta que “la idea que me llamó la atención fue, ¿cómo contar la historia de más de 40 años de vida de una mujer, desde la magia de su infancia, a través de su matrimonio, divorcio y su maternidad como soltera, hasta regresar a sus sueños de infancia para cumplirlos? ¿Cómo cuentas la historia del alma de una persona –y cómo ese alma comprende a toda la gente que amamos, a las ideas que tenemos, a las cosas que deseamos? La película reúne todas esas piezas. Tienes el trauma y el amor. Tienes a una chica que creció en el taller mecánico de su papá y con la influencia de las telenovelas llenas de mujeres fuertes, que siempre fueron el refugio de su mamá. Tienes a un exmarido soñador en el sótano, que sigue siendo amigo, y a una hermana afectiva que es una rival envidiosa. Y tienes una estación de televisión en Lancaster, Pensilvania, que se convierte en una fábrica de sueños. En medio de todo ello, ves a Joy desarrollar una determinación ferozmente tranquila que la va llevando”.

Russell también vio a Joy: el nombre del éxito como la oportunidad para contar un tipo de historia distinto de la persona que asciende hasta alcanzar el éxito: la historia del surgimiento de una magnate comercial que proviene de un mundo casero de clase trabajadora y que con frecuencia se ignora en las épicas cinematográficas.

“La mitad o más de la película está basada en Joy Mangano, y la otra mitad está basada en mujeres audaces de las que he estado al tanto o he leído durante muchos años”, explica Russell. “Éstas incluyen a Lillian Vernon, quien comenzó con los primeros grandes catálogos de ventas por correo para productos del hogar. También incluye a numerosas mujeres que he conocido, incluyendo algunas amigas de mi madre, quienes osaron establecer empresas, algunas con éxito y otras no. Estoy fascinado por el tipo de espíritu que impulsa a alguien a comenzar una empresa desde su hogar, y que intentan abrirse un nuevo camino para ellos y sus familias. A lo largo de la historia muchas mujeres han sentido que han llegado a un callejón sin salida y han tenido que forjar sus propias oportunidades”.  

Russell comenta: “La pregunta real a la que se tiene que enfrentar Joy mientras crece es cómo seguir siendo fiel a sí misma. ¿Cómo alguien puede seguir siendo honesto consigo mismo cuando te haces de los múltiples compromisos que la vida adulta trae consigo? Y, de igual importancia, ¿cómo mantienes ese pulso de la vida y sueños mágicos que tuviste cuando eras niño?”.

La verdadera Joy

“Ser parte de la inspiración de David fue algo tan especial que ni siquiera podría describirlo”, comenta Mangano. “Su perspicacia es impactante. Conforme comenzamos a platicar, había cosas de mi vida que hubiera pasado de largo, pero se quería detener en ellas y explorarlas más. Podía ver cómo él iba creando su visión. Colaborar con él ha pasado a ser una de las experiencias más asombrosas en mi vida. Mis historias personales se volvieron un lienzo para él, para crear algo universal”.

Russel siempre ha sido un cronista entusiasta de cómo las familias se unen de maneras absurdas y divertidas y para apoyarse, además de que los excéntricos padres de Mangano y la relación con su exmarido lo intrigaron en especial.

Como realizador, Russell ha explorado con frecuencia la vida familiar con un tono quizás más asociado a la literatura rusa –uno en el que la infancia y la muerte, el matrimonio y el divorcio, la felicidad y la soledad, el éxtasis y la traición, la riqueza y la pobreza, forman todos parte del mismo tapiz divertido-triste de la experiencia humana de la que ninguno de nosotros puede escapar.

Mientras que la ambición de Joy proviene de su mente creativa y sus sueños, nunca puede ser separada de las relaciones confusas que la rodean –ni de su interminable urgencia por cuidar a sus seres queridos, sin importar cuán imperfectos o fastidiosos sean.    

“Joy fue reconocida y querida por su familia, pero también fueron un obstáculo en ocasiones”, indica Russell. “En todas mis películas he estado interesado en las formas en las que las familias pueden estar desequilibradas y fracturadas, pero, no obstante, también ser tierra fértil para lo que florece de una manera más brillante. Los miembros familiares de Joy la aman a su manera y tienen sus limitaciones.

Pero incluso esos límites terminan haciendo a Joy una persona más fuerte. Se ve desafiada a conservar sus ideales desde el mero principio y aprende a convertirse en esa voz resiliente en el hogar, aquella que está cuidando a todos. Me parece que hay algo muy bello acerca de las familias, incluso a pesar de que son complicadas y humanas, y llenas de problemas. Y parte de la alegría de Joy es su naturaleza compasiva y su habilidad para cultivar un sentido de amor pese a todo”.

La fuerza impulsora por cuidar a su familia con la plenitud de todo su ser es parte de lo que distingue a Joy: el nombre del èxito en los anales de las películas acerca de emprendedores con aspiraciones y de mujeres fuertes e independientes. El viaje de Joy es en parte acerca de encontrar la fuerza para ir tras lo que desea, pero, por otro lado, también es acerca de descifrar la manera de hacer un acto de malabarismo digno de un circo con todo lo demás que le importa a ella.

Después de enterarse que la madre de Joy Mangano era una devota de las telenovelas, Russell encontró que las telenovelas eran un dispositivo de reflejo intrigante; un espejo fantástico del entendimiento de Joy de que podía romper las barreras de su vida y seguir un camino más grande y osado. “Las líneas narrativas de las telenovelas son dignas de la mismísima literatura rusa”, reflexiona Russell.

“En el mundo de las telenovelas todas estas cosas grandes, góticas y melodramáticas suceden. La gente está hablando de manera constante acerca de la traición, el abuso de confianza, el dinero y la muerte, de mujeres audaces y llenas de aspiraciones, y esa es la razón por la cual tocan fibras sensibles”.