De la misma forma en que se transforma en el cine con su papel de gángster en la nueva película Black Mass, Johnny Depp también tiene un estilo particular para su propia transformación en la vida real. Con un pájaro tatuado en una mano y un rayo azul en la otra, cuatro anillos muy bien repartidos (con uno tatuado también), aro en una de las orejas, gorra, lentes, chaleco, camisa de mangas largas desabotonadas y un pañuelo atado al cuello en vez de una corbata, la verdadera versión de Johnny Depp llegó en un vuelo de Air Canada a la entrevista programada del 40° Festival Internacional de Cine en Toronto.

Más allá de la transformación de tus personajes, ¿tomas conciencia de la transformación de tu carrera a lo largo de tantos años en Hollywood, o nunca te preocupaste por las recaudaciones?

–Es una pelea constante [Risas]. Desde que tenía alrededor de 19 años, siempre confié solamente en los trabajos que me interesaban. Es todo lo que me preocupa. Y mira lo que se consigue con 20 años de fracasos.

¿Cómo definiría el éxito a nivel personal?

–Para mí, en cada papel que elijo, me conformo con llegar al lugar donde creo que el personaje debería estar, sintiendo que también hice buen servicio al director, a mí mismo y al autor. Para mí, eso es un éxito. Las recaudaciones son otro tema. No es para nada asunto mío.

¿Y cuesta dejar atrás los personajes que lo transforman durante tanto tiempo de rodaje?

–Una vez que termino con una película, me despido del personaje y sigo adelante. Pero a la hora de transformarse por completo en el cine, hay una gran diferencia entre la transformación de un personaje que realmente existió, como el gangster de James Bulger en Black Mass y los ficticios roles de otras películas.

–¿Ahora me vas a decir que Mad Hatter nunca exisitó? ¿Willy Wonka tampoco? [Risas]. ¿Tampoco existe Santa Claus? ¿Y el conejo de Pascuas? [Sigue riendo].

Obviamente, cuando te toca un personaje ficticio es posible llevarlo hasta lugares muy extraños y es algo en que me quemé bastate. Pero cuando tengo que interpretar a una persona que realmente existió o todavía existe, siento mucha más responsabilidad sobre los hombros. No importa si es bueno o malo, la responsabilidad existe, porque es su vida. Y la responsabilidad pasa por contar una verdad hasta cierto nivel. Eso es muy importante, así como también es importante mostrarlo físicamente parecido.

¿Es tan necesaria una transformación física tan drástica para una buena actuación?

–Era muy importante para poder encontrar al verdadero James Bulger. Tengo que decir que también trabajo con el mismo maquillador desde hace años, Joel Harlow, y es brillante porque consiguió colocar una escultura de Bulger en mi rostro. Claro que pasamos por cinco o seis pruebas diferentes, hasta que finalmente lo conseguimos. A lo mejor pudo haber sido malo para la producción y para los que ponen el dinero, porque significó estar un par de horas más por la sala de maquillaje, todos los días.  

Las mejores películas de Hollywood están inspiradas en el crimen, las leyes, la política y la familia. Y la verdadera historia de James ´Whitey´ Bulger incluye los tres géneros. Basada en el libro original de Dick Lehr, aprovecha el carisma de Depp, completamente transformado, para interpretar la película Black Mass, de la oveja negra de una pobre familia irlandesa en Estados Unidos, donde el hermano (Benedict Cumberbatch) es senador, y el mejor amigo de la infancia (Joel Edgerton) es un agente del FBI, mientras él es uno de los mafiosos más famosos de Estados Unidos.

¿Cuánto sabías de la historia del gangster James Bulger antes de aceptar semejante rol?

–Desde un principio estaba muy familiarizado con la historia de Jimmy Bulger, porque siempre me había fascinado. Y después, leí toda clase libros con ángulos diferentes. Todos tienen una versión distinta de lo que pasó exactamente y muchas de las historias todavía flotan en el aire.

¿Pudo conocer a los verdaderos protagonistas de la historia?

–Bueno, en realidad me contacté con el abogado de Bulger, Jay Careny, para pedirle la oportunidad de conocer a Bulger para poder escuchar su propia versión de los hechos, porque cuando hice la historia de Donnie Brasco tuve la suerte de pasar bastante tiempo con Joe Pistone y pude hacer bastantes cambios en el guión que no eran ni remotamente ciertos. Y con Jimmy Bulger no sé lo que pudo haber pasado, porque una semana después de mi pedido, recibí un mensaje de Carney diciendo que Jimmy rechazaba con respeto mi solicitud porque no era un gran admirador, como podrás imaginarte, de ninguno de los libros que cuentan su historia. Y desde ese momento, Carney fue muy directo en decir que podía contarme algunas cosas, pero que él nunca iba a poner a su cliente en ninguna situación ridícula. Pero ayudó bastante con el corazón de este hombre, aunque odie decirlo. También hay videos de seguridad filmados y un poco de audio. Y la gente del Sur de Boston ayudó muchísimo con el acento, que es muy diferente.

¿Es posible interpretar a un verdadero criminal sin juzgarlo en el intento?

–Mi intención no era tampoco salir a crear alguien endiablado, porque no creo que ninguno de nosotros lo seamos. En ocasiones, puede ser que se levante por la mañana y piense que es una persona horrible mientras se lava los dientes, pero yo lo afronté como un ser humano multifacético, con un lado humano, que además tenía su negocio. Como todos sabemos, hay ciertos negocios que necesitan que el lenguaje sea pura violencia. Y esa es la única forma en que lo vi yo.

¿Y la forma de actuar, más allá del cambio físico, como no pestañear nunca?

–La idea de un mínimo pestañeo me pareció que era la forma en que se concentra un depredador, tratando de lograr con su mirada que otra persona siga su camino, para entrar en sus cerebros y controlarlos de alguna forma. Él también tenía una obsesión con la limpieza, aunque era una persona que vivía en un mundo de extremada violencia gráfica. Me encantó esa obsesión de querer tener siempre las manos limpias. Nos pareció un gran detalle.

Hay una escena de la película donde James Bulger le dice al hijo que estuvo mal en pegarle a otro jovencito, solo porque lo hizo delante de todos. ¿Es la clase de consejos que le daría usted a su hijo, en la realidad?

–¿De verdad asumiste que nunca le hubiese dicho lo mismo a mi hijo? Estás equivocado [Risas]. No me parece para nada extraño. Al contrario, la idea me encanta. Yo mismo me acuerdo de mi infancia, porque cuando tenía seis años, en la escuela había alguien terrible que se la pasaba pinchándome siempre. Y creo que mi madre me dijo “La próxima vez que alguien te ponga una mano, levantas un ladrillo y se lo plantas encima”. Y desde aquel entonces, siempre tomé ese consejo en forma literal. Eso me sirvió, y si alguien trata de molestar a mi hijo y nadie lo destruye... te aseguro que lo hago yo.