La situación de los pueblos y la política de Latinoamérica también tienen espacio en el corazón del artista.

Luego de la salida de José Luis Pardo (Guitarra) y Armando Figueredo (Teclados), ¿qué extrañas de la banda original?

Obviamente hay un factor energético, interno, que los miembros originales teníamos y la gente lo percibía. Somos adultos, algunos quisieron seguir otro camino.

El 2014 fue un año de transición, pero los nuevos músicos que tenemos son increíbles, la verdad es que hicimos un trabajo impecable. Nos sentimos bastante cómodos con la alineación que tenemos, los shows salen increíbles.

Ya la banda pasó esa página y estamos otra vez en el carril, avanzando con nuevos músicos. Cuando nos vean en el escenario se darán cuenta.

¿Qué fue lo más difícil de esta transición y selección de músicos nuevos?

Lo más difícil fue un día, de repente, verse con dos músicos menos y plantearse: “¿seguimos o paramos?”. Y seguimos, a ver qué pasaba.

Al principio había temor, de saber qué pasaría con el público, pero una vez que comenzamos a tocar con los nuevos, vimos que la reacción fue buena.

¿Cuál es la fórmula para mantener “la gozadera” por tantos años?

No sé (risas) simplemente nos dedicamos a hacer lo mejor que podemos y trabajar muy duro para que nuestra música llegue lo más lejos posible.

Es, como dicen en México, una chamba, es una banda que nunca ha dejado de chambiar y a la gente le gusta, por eso seguimos haciéndolo.

Esta serie de conciertos que han venido desarrollando han sido en acústico, ¿Será igual en su presentación de hoy en el país?

En Dominicana tenemos mucho tiempo que no vamos (2010). Iremos con todos los hierros, aunque también probaremos el acústico. Quizás dos o tres versiones en acústico y probaremos el eléctrico.

Queremos ponernos al día con los fans, verificar que estamos en la misma conexión y que esto dé pie a un show acústico.

Su nuevo disco de estudio viene en la versión acústica, ¿por qué si la onda de bonche es lo suyo?
Igual tendremos gozadera, no perdemos la esencia. La llevamos a otro género, son canciones que se bailan igual…¡Que no cunda el pánico! (Risas).

¿Qué permanece y qué no después de dos décadas?

Sigue el baile, el sentido del humor, las canciones del día a día, muchas chicas… Eso sigue siendo igual. Ha cambiado que ahora somos mejores artistas, más maduros y un mejor dominio de todo lo que implica hacer música. Hoy, somos mejores.

¿Qué implicó todo el proceso de este disco con músicos nuevos?

Ha sido un poco buscar reinventarnos. Ha sido una experiencia agradable, con músicos talentosos. El material que ha salido hasta hoy ha valido la pena.

Son riesgos que había que tomar y los tomamos.

República Dominicana siempre está presente en sus giras. ¿Qué tiene de especial presentarte en suelo dominicano?

Los dominicanos son como hermanos gemelos de los venezolanos, les gusta la fiesta. Hemos ido muchas veces, hasta a eventos privados. Nos encanta su gente.

Una de nuestras canciones más importantes, Mentira, se inspiró en hechos ocurridos en República Dominicana.

¿Los nuevos integrantes también son venezolanos?

Sí, tenemos una especie de mafia, de sólo venezolanos.

¿Cómo les toca esta situación de Venezuela?

Es una lástima, porque el país se está deteriorando mucho. Los países latinoamericanos somos muy particulares, nunca seremos como Suiza o Estados Unidos.

Hay valores en Latinoamérica que son muy bonitos, todo lo que falla es nuestra política… Venezuela vivía un equilibrio antes de todo eso, se mantenía la alegría, ahora la hemos perdido.

El país está en deterioro, en una lucha ideológica, donde un sector económico decidió cómo iba a estar el país. Nos da mucha tristeza, se nos ha dificultado volver a tocar en nuestra tierra, la inseguridad es muy grande.

¿Qué quieres que vuelva a ser Venezuela?

Es un país muy chiquito en el que Los Amigos Invisibles nacimos e iniciamos nuestra carrera. Hoy hay una división social muy fuerte, y eso se siente en cualquier lado.

A eso le sumamos la falta de seguridad, que se ha salido de las manos. Caracas es una ciudad muy peligrosa, donde la gente ya no sale de noche, donde la vida artística se ha apagado ya que la gente no quiere estar en la calle por el peligro.

Eso nos va apagando, pero que más querer que volver.