Es conocido como guitarrista de Café Tacvba; sin embargo, Joselo Rangel tiene una pasión aún mayor que la música: la literatura.

Asiduo a la lectura y la escritura desde la infancia, desde hace ocho años es columnista en el periódico Excélsior y creó un blog llamado Textos Mutantes y recientemente hizo una recopilación de sus 20 mejores cuentos de ficción y los publicó en el libro One Hit Wonder, que presentó en la Feria Internacional del Libro Monterrey.

El músico platicó con Metro de esta faceta alterna, a la que según dijo, le gustaría dedicarse el resto de su vida.

Desde hace muchos años es conocida tu pasión por las letras, que ahora desahogas en esta obra. ¿Cuánto tiempo te llevó crear y recopilar estos 20 cuentos?

– No fue tanto. En 2013 me di cuenta que no había escrito ficción, y eso es lo que realmente yo leo, lo que yo consumo, lo que más admiro y lo que más me gusta. Me di cuenta que me estaba haciendo viejo cada día más y de lo que se trata esta vida es de hacer lo que a uno le gusta. Del blog textosmutantes.com saqué estos cuentos, 20 de los 54 que han salido.

Estoy muy feliz, porque esto es lo que siempre había querido; como bien lo dices, es una pasión.

A la música le tienes un gran amor, pero a la literatura aparte de amor, le tienes  pasión. ¿Podría decir que es como tu esposa y tu amante?

– (Risas) No sé si hablar en términos de esposa y amante. Si estuviéramos en otra sociedad, podría decir que tengo un harén con varias pasiones.

¿Cómo y dónde surgen estos personajes que protagonizan tus cuentos? ¿Salen en tus momentos de reflexión, son personajes de tu infancia, nacieron mientras compones tus canciones?

– Se me van ocurriendo historias a partir de exageraciones. Imagino un escenario, pienso en dos o tres escenarios y los exagero, como decir: ¿qué pasaría si ahí aparece un mundo entero? Y me interesa mucho el comportamiento humano, siempre me ha sorprendido por qué reaccionamos a las cosas de una forma y no de otra, ante todo, ante la guerra, ante el amor, las relaciones, me encanta.

Sabemos que fuiste un niño tímido e introvertido. Ese paso de leer a empezar a escribir, ¿fue para ti una especie de terapia, un refugio o un escaparate?

— Sí, claro. Todo lo que he hecho, me he dado cuenta que me ha servido para crecer y poder comunicarme. Seguramente, si no hubiera leído de niño, mi vida se hubiera ido por otro camino.

La lectura me salvó, los libros me salvaron. Nací en Minatitlán, Veracruz, y cambiar a la Ciudad de México para mí fue un choque muy fuerte.

Ahora me doy cuenta que me deprimí, que ese shock me costó mucho trabajo; fue un golpe muy fuerte, pero lo resolví a través de la lectura de un montón de autores de fantasía y de ciencia ficción, que me permitían lidiar con distintos mundos.

Y ahora que escribo, veo que pasa lo mismo, estoy resolviendo ciertas cosas que ni siquiera sé qué son, y lo estoy descubriendo a la hora de leerme, y mis lectores me dan sus opiniones y observaciones.

Es un trabajo de introspección y qué bueno que a mi edad todavía puedo sorprenderme, incluso de mí mismo.

¿Entonces estos cuentos tienen ciertas dosis te tu realidad?

– Sí, aunque no diría dosis, sino porcentajes. Hay unos que tienen un porcentaje mínimo, sólo el escenario; hay otros que hasta tienen personajes que son reales, que los tomé y los usé sin pedirles permiso (risas), ya solamente les avisé y les muestro la historia ya terminada. Pero todas las situaciones son ficción.

¿Consideras la posibilidad de llevar estos cuentos a la pantalla, quizá por medio de cortometrajes?

– Sí. En realidad me gustaría más escribir guiones para historias que sean directamente películas o cortometrajes. Eso me llama más la atención a que alguien tome estos cuentos y los convierta en imagen. Pero de igual manera, quizá llegue alguien que me lo proponga, y yo, feliz.