En “Aeternum”, Los Vivancos combinaron con gran maestría la música, danza, artes marciales para brindar al auditorio un espectáculo mágico fuera de serie.

Mis oídos aun están rumiando el sonido del magistral zapateo que los hermanos Vivancos han hecho famoso alrededor del mundo. Y es que el “Aeternum”, que le abrió las puertas a la escena artística del país dejó muy claro que la noche venía cargada de intensas sorpresas.

Imponentemente vestidos de blanco, Elías, Judah, Josua, Cristo, Israel, Aarón y Josué a las 10:34 de la noche, empezaron a demostrar su arte al ritmo de tango y flamenco acompañados de sutiles movimientos de manos. De esta manera, dieron paso a los diferentes números que mostraban una odisea lucha entre el bien, el mal y lo sobrenatural.

Conforme pasaban los minutos, Los Vivancos - agrupación española formada en 2007- , subían la vigorosidad de los pasos demostrando su arte al ritmo de tango y flamenco acompañados de sutiles movimientos de manos.

En esta propuesta inusual –fruto de la enseñanza de su padre-, conjugan una historia emocional, en la que las palabras dramatismo, suspenso, misticismo y el ilusionismo tienen un fuerte protagonismo, tanto como el zapateo que en más de una ocasión pasó a ser música en vivo.

Cautivaron el auditorio

Mantener fija la atención del espectador no se logra con suma facilidad. Sin embargo, estos siete hermanos tienen la aptitud para cautivar. ¿Cómo lo hacen? Con un excelente dominio de la técnica, una agilidad sorprendente y una fuerza y rapidez excepcional.

En este relato basado en la inmortalidad que el arte le brinda al ser humano, cada Vivancos tiene su momento de gloria; a la vez que muestran una complicidad que va más allá de sus lazos sanguíneos.

Con la flexibilidad que tienen en sus cuerpos, Los Vivancos se alternaron en el escenario para mostrar sus dotes artísticos. Elías con su violoncelo eléctrico, Judah en el chelo de cinco cuerdas, Josua hizo maravillas con su cajón flamenco no solo tocando, si no también zapateando sobre él.

De igual forma, Israel arrancó aplausos con su flauta travesera; y Aaron demostró en suelo dominicano por qué en 2001, ganó el premio al “Mejor bailarín en la especialidad de danza española” en ciudad de Ribarroja del Turia, Valencia, España.

Coreografías sincronizadas

Sus vestuarios y coreografías impresionantes acoplaron perfectamente este espectáculo que mezcla música, fusiones, baile, artes escénicas y sensualidad. Otros recursos que utilizaron para lograr esta hazaña fueron las capas, zapateo, tambores, castañuelas, luces, sombreros y los saltos que dieron vida a cada número escenificado de manera consecutiva.

Los siete hermanos volvieron a reunirse para revelar un acto de artes marciales que enloqueció a la audiencia cuando se vendaron los ojos y recorrieron el escenario de forma rítmica, armoniosa y sincronizada a ritmo de puro flamenco.

Por supuesto que movieron sus colitas. Sus bailes con el torso desnudo, en el que destilaban el sudor propio del calor que producían sus movimientos y las luces del escenario, pusieron eufórico al público que no salía de asombro.

Luego de mezclar en su banda sonora flamenco, ballet, danza contemporánea, folklore, artes marciales, acrobacias, magia, circo, tap dance, grabada por la Orquesta Sinfónica de Budapest dirigida por el músico español Fernando Velázquez,

Cierre fuera de serie

Como el buen vino, Los Vivancos dejaron lo mejor para el final. Como “por arte de magia”, en el escenario aparecieron dos estructuras de metal, la cual utilizaron para Zapatear; tres en el techo y cuatro colgando… Créanme que no era ilusionismo.

Cuando vi esta escena entendí porqué en la entrevista realizada en la rueda de prensa, Los Vivancos afirmaron que el objetivo de los hombres que ven este espectáculo, es inscribirse en un gimnasio al día siguiente.

Justo en ese momento, en el área de palco vimos a su representante – Francisco Lluberes, de la firma Lab Events-, quien con su cara de felicidad revelaba su satisfacción por el éxito de este espectáculo que construyó la zapata para futuras presentaciones en el país.

De hecho, a modo de primicia les informamos que “Nacidos para bailar”, es el próximo montaje que realizarán estos siete hermanos, el cual ya definieron como la unión de lo sacro y lo profano.

Tras un minuto de aplausos recitados de pie, Los Vivancos se despidieron saludando mano a mano al público que asistió de sus dos funciones realizadas viernes y sábado, en el teatro La Fiesta del hotel Jaragua y en el Centro Español de Santiago, respectivamente.

Un detalle que primó durante la hora y 40 minutos de esta producción, es el buen dominio del tiempo, mostrado en la sorprendente sincronización y rapidez que los hermanos exhibieron en todos sus movimientos, tanto que juegan con el efecto que la velocidad genera en el sentido de la vista.

Piropos

Como era de esperarse, este espectáculo estuvo poblado de mujeres de diferentes generaciones, a quienes en los momentos más excitantes o más subidos de temperatura pronunciaron sendos piropos, siendo algunos: “Están en salud… ¡Olé!, ¡Muchachos, ustedes están en salud!, ¡Guapos!, “Vamos gitanos!...