Enseñanzas que dejan huellas

“Yo me veo como el tiguerito que salió del Callejón de los Pérez. Ese tiguerito ahora está en países más grandes, y sigue con los mismos zapaticos buscándose su vida. Yo no soy actor para estar privando; yo vine a poner a disposición del público el talento que Dios me dio. Así pienso y actúo”.

Manny Pérez es un actor que mantiene una carrera en total ascendencia. La clave no es una fórmula secreta; la entrega con la que asume cada reto profesional le han merecido que su nombre tenga un lugar privilegiado en la historia del cine dominicano. Sus más de 20 años en esta industria así lo avalan, tanto como su interés de seguir viviendo su pasión por la actuación como el primer día.

Es mucho lo que podemos contar de este actor de palabras llanas y sinceras, que ama sus raíces cibaeñas y que grita a los cuatro vientos que se siente orgulloso de representar nuestra bandera en tierras lejanas.

Durante varios minutos tuvimos la dicha y el privilegio de conversar –a menos de un metro- con el ser humano y con el actor de Hollywood que se esconde tras esa mirada penetrante, seductora y cautivadora. Permítanme hacerles partícipe de este grato y memorable encuentro.

¿Cuándo descubrió que su pasión es el cine?

Mi pasión por el cine comenzó por la actuación. A mí me fascina actuar, de hecho, siempre fui el payaso de la familia. Yo viví aquí hasta los 10 años, luego mi familia y yo nos mudamos a Estados Unidos; allá comencé a actuar en obras infantiles y desde entonces, me dije a mismo: “Esto es lo que quiero hacer para el resto de mi vida”. Me dediqué a estudiar, me gradué de la especialidad en Teatro, en la Universidad Marymount Manhattan College.

¿Los sueños de la niñez pueden hacerse realidad?

Yo siempre digo que lo que uno sueña se cumple. Yo sé que ganaré un Premio Oscar porque lo he soñado. Reconozco que tener una actitud positiva me ha ayudado mucho a alcanzar metas; a estar en el lugar que estoy.

¿Qué debe tener un papel para que Manny lo elija?

Un comienzo, un medio y tal vez, no un final. En otras palabras, me cautiva que el personaje luche con la historia y consigo mismo; para mí es clave, porque entiendo que la actuación es como la vida real, que nos pone desafíos. Me gusta que los personajes me reten.

¿Qué pasa en el corazón de Manny cuando las luces se encienden para darle vida al personaje que decidió escenificar?

Siempre uso mis conocimientos de técnicas de actuación. Por ejemplo, antes de venir al país para hacer “El Moncho”, de Loki 7, durante un mes yo estudié el comportamiento de un amigo paralítico; y cuando llegué aquí yo era el personaje. Yo caminaba, comía, hablaba como El Moncho, y todo el mundo me miraba raro. Cuando las luces se encienden yo no estoy atento al celular, yo me convierto en cuerpo y alma en el personaje.

En buen dominicano, usted se la comió en su última aparición en la pantalla gigante. ¿Cuál fue su experiencia haciendo el papel en Loki 7?   

A mí me fascinó el trabajo que hizo Ernesto Alemany en La Gunguna. Un día él me dijo: “Manny, yo quiero trabajar contigo, yo tengo una película que tal vez te guste, se llama Loki 7”, y cuando leí el guion descubrí que había un papel de un mafioso de nombre El Moncho.

En ese momento no le vi la gracia al papel y le respondí que ese papel cualquiera lo podía hacer; pero yo quiero darle un toque diferente  porque el nombre de Moncho te dice muchas cosas iconográficamente hablando.  Entonces, yo quise que El Moncho fuera el monstruo dentro de los siete galanes. Yo tomé ese Moncho y le di una historia a ese hombre paralítico que de todas formas sigue siendo el mafioso. Eso le dio un toque diferente a la historia. Lo que ven en la pantalla es El Moncho que yo soñé y creé. [Risas].

¿Qué hace el actor para que un personaje como El Moncho impacte a través de esa confluencia de sentimientos?

En la vida real, todos tenemos nuestras complicaciones, y cuando hacemos un papel de esa magnitud hay que comunicarlo y actuarlo con la intensidad que amerita. Y confieso que la respuesta más bonita es cuando el público te dice que se identifica con ese personaje al que le diste vida a través de la actuación. 

¿Vale mucho para el actor que la audiencia se identifique con el personaje?

Sí, sí. Eso vale mucho. Para lograr esa conexión, el actor debe poner todo el corazón en sus personajes, pero también hay que dejar que el personaje viva sus propios errores.

Cuando yo vi al Moncho en la pantalla durante el estreno en Santo Domingo, me quedé con la boca abierta y me dije “Uah, yo hice eso y aquello”. Y cuando volví a verlo en Santiago comprobé que me gustó mucho hacer este papel. Y confieso que yo soy muy crítico de mis personajes.

Yo gocé el Moncho, me enamoré del Moncho y creo que aprendí mucho de lo que es la técnica de actuación haciendo el papel de Moncho. Fue un gran reto interpretar ese personaje y quedé complacido con el resultado logrado, pues soy muy exigente… siempre pienso que lo puedo dar lo mejor.

¿Es determinante para un actor que la película sea muy taquillera o no?

Al aceptar un papel, yo no pienso si la película será taquillera o no; para mí lo importante es la historia. No importa que pongas a Al Pacino o a Robert De Niro: la clave del resultado es contar una buena historia.

Lo siguiente es que yo me sienta bien con la historia y el personaje; y por supuesto, que el público lo sienta así. Cuando elijo mis papeles, no lo veo con la expectativa de que sea muy comercial. Pienso que esta será una buena experiencia para mí, que voy a aprender mucho haciendo el personaje y que voy a dar lo mejor de mí al público.  

¿Para Manny, qué significa la película La soga?

La Soga (2009), es una película diferente a lo que hemos visto en el cine local, tiene una fuerte carga de acción y drama. Yo duré 10 años escribiendo el guión, y esta película tiene el merito de ser la primera de factura dominicana en llegar al Festival de Toronto y ha recorrido el mundo a través de Netflix.

No he tomado clases de guión, pero me ocupo de leerlos. Para escribir la historia me enfoqué en la pregunta ¿qué le puede faltar al guión para que llegue a otro nivel?

Con esta inquietud rodando en mi cabeza, hice el ejercicio de escribir una escena; al día siguiente la volvía a leer, la pensaba y pasado mañana lo enriquecía. ¿Qué quiero decir con esto? Que es importante tomarse su tiempo en la redacción del guión. Y pongo como ejemplo a Picasso, a Van Gogh, quienes les dedicaron tiempo a sus pinturas para que tuvieran el color que ellos querían. Hoy vemos que no fue en vano porque sus obras de arte transcendieron. Lo mismo pasa con una película: para que tengamos buenos frutos, hay que dedicarle amor y tiempo.

Nos adelantaron que ahora está en el país para trabajar en su nuevo proyecto. ¿Cuáles son sus expectativas al contar la historia de Jack Veneno?

Cuando yo hice El rey de Najayo la gente me ponía Tweets. “Loco, tú te pareces mucho a Jack Veneno”. Y bueno, el productor de esta película me dijo que quería contar esta historia, pero que yo debía actuarla. Hicimos el texto y creamos el personaje y soy pinpun a Jack Veneno en su juventud.

¿Cómo ha sido el proceso de preparación para escenificar este personaje?

Yo llevo tres años estudiando el personaje de Jack, estudiando su forma de hablar tan particular y su forma de sentarse al estilo “un macho de hombre”. Son cosas que yo las estudio. Y y cuando comienza, es otro proceso; no quiero que me llamen “Manny”, sino “Jack”. No puedo desconectarme porque para mí el resultado no es el mismo.

Esta barba que llevo ahora es para Jack. Ese es el plan; llegué aquí para prepararme físicamente, y pronto comenzaremos las grabaciones. Yo creo que esta es la gran historia que esperamos, y me siento feliz de ser parte de ella.

Me levanto a las 5:00 de la madrugada para hacer unos ejercicios especiales, para saber deslizarme. (Risas). Esa es la magia, es lo que me fascina de este mundo, que yo dejo a Manny atrás y entro en el Moncho, en Jack, en el Rey de Najayo. Es lo que me fascina. Yo vivo para actuar.

¿Qué función tiene el maquillaje para sus caracterizaciones tan icónicas como El Rey de Najayo?

A mí no me gusta mucho que me pongan maquillaje. Si el personaje lleva barba me la dejo crecer. Mi interés es que el personaje siempre se vea lo más real posible. Porque eso me ayuda mucho en la técnica; más parecido a lo real es mejor para el producto final.  

Aunque reside en Estados Unidos, usted siempre tiene presencia en el cine dominicano. ¿Cómo hace Manny para cumplir sus compromisos en ambos países?

Yo no creo que en esta industria haya vacaciones. Yo estoy en permanente comunicación con mi agente en Los Ángeles y organizamos el calendario; ella sabe los días que estoy aquí y desde allá pauta los compromisos que debo cumplir a mi regreso a Estados Unidos.

¿Cómo evalúa nuestra industria cinematográfica?

Yo le doy gracias a Dios que estoy viviendo la Ley de Cine. En los 80 comenzamos con la comedia con Balbuena y Nueva Yol, que le abrió las puertas a lo que es el cine local. Ahora estamos viendo que salen películas que cuentan nuestras historias, películas que pueden llegar a Estados Unidos, a los festivales, que son una plataforma para promovernos.

Estoy seguro de que si nos enfocamos más en contar una historia local y hacerla más universal, sería un palo para la industria. Por ese camino es que tenemos que irnos para darle un cambio a nuestro cine. Los mexicanos y los colombianos lo están haciendo con muy buenos resultados, y ya han ganado premios en el Festival de Cannes.

Viajemos en el tiempo: de aquí a una década, ¿cómo le gustaría ver el cine dominicano?

Con nuestra Ley de Cine, yo veo el país en el mismo nivel que está México y Colombia. Yo espero que alguna de nuestras películas gane un Oscar y ponga el nombre de República Dominicana muy en alto. Y eso va a pasar porque aquí tenemos el talento y porque estamos haciendo cine que va a llegar a otro nivel.  

Además de hacer películas, Manny viene al país a compartir sus conocimientos con jóvenes que tienen su misma inquietud. Háblenos de los talleres que imparte.

Mi intención es ayudar a los futuros talentos dominicanos. El año pasado vine al país a impartir tres talleres de actuación avalados por la DGCine, y lo seguiré haciendo, porque en nuestro país tenemos jóvenes actores que necesitan aprender la técnica para desarrollar aun más su talento. Yo sé que en nuestra industria se necesitan buenos actores para esos futuros proyectos, por eso, tenemos que prepararlos.

A usted le gusta regalar zapatos por un motivo muy especial. Cuéntenos el porqué.

Yo nací en un pueblo de Santiago. Mi familia muy pobre estaba integrada por 11 personas. Vivíamos del conuco, de cosechar yuca y plátanos. Entonces, la historia es la siguiente: cuando era pequeño solo usaba chancletas. Mi primer zapato lo tuve a los cinco años; cuando mi papá me llevó a Santiago a comprarlos y me los puse, la sensación era tan extraña que le dije: “Papá esto no me queda bien, los siento muy apretados”, y mi padre me dijo: “No, no, así es que vienen y así es que te quedan bien”.
Esos zapatos yo solo los usaba el domingo para ir a la iglesia, eran los únicos que tenía y no quería que se me ensuciaran o que se me dañaran. Por eso, el zapato tiene mucho significado en mi vida. Hoy solo tengo un par que adoro y uso hasta que se gasten. [Risas].

Al poner en una balanza su vida de infancia con la actual, ¿cómo se define el actor exitoso?

Buena pregunta. La verdad, yo me veo como el tiguerito que salió del Callejón de los Pérez. Ese tiguerito ahora está en países más grandes, y sigue con los mismos zapaticos buscándose su vida. Yo no soy actor para estar privando; yo vine a poner a disposición del público el talento que Dios me dio. Así pienso y actúo.

Manny se ha destacado con sus participaciones en series. ¿Cuáles están en la agenda actual?

Tengo las series “The Night Off” para la cadena HBO; “Luke Cage”, que sale el 30 de este mes, vía Netflix. En noviembre sale “The Blacklist”, en NBC; y en febrero de 2017, en Fox saldrá la serie “Shots Fired”.

¿Cuál ha sido el mayor reto en tu carrera?

Vivir la vida, y ser feliz con lo que hago. En la actuación, siempre trato de prepararme bien para los retos. Estar feliz en lo que uno hace: ese es el paso más grande que yo he dado.

Personaje icónico  y retador

“Yo me enamoré del Moncho; haciendo este papel que fue un gran reto para mí aprendí mucho de la técnica de actuación”.