A pesar de la elegancia legendaria de Iman o la famosa somalí Katoucha, en el terreno de lo representativo, la figura de la modelo afro ha quedado relegada al imaginario primario de Josephine Baker en los años 20: un elemento exótico cuya figuración se ve relegada simplemente a obtener una apariencia de diversidad y exotismo que años después de la lucha por los Derechos Civiles aún se define por un neocolonialismo rampante.

No es de extrañar entonces, que castings como los de Kanye West y Zac Posen en la Semana de la Moda de Nueva York sigan causando revuelo mediático, así como la simbólica presentación de Beyoncé en el Super Bowl: la diversidad y la reivindicación de la raza se sigue viendo como una declaración vanguardista. Sobre todo en tiempos donde las tensiones raciales siguen vigentes al nivel mundial.

El debate no se limita a las grandes pasarelas de la moda o grandes escenarios del espectáculo: para 2013, en Brasil fueron célebres las protestas de 40 modelos negras que se desnudaron en denuncia a la escasa presencia de modelos afroamericanas en pasarelas. Eso a pesar de que en Sao Paulo hay una cuota de por lo menos el 10% de maniquís de esta raza en los desfiles y de ser el país con la segunda mayor población negra del mundo, después de Nigeria.

Les pasa a figuras importantes como Naomi Campbell y Tyra Banks, que a pesar de ser las dos modelos afro más exitosas, aún se quejan del prototipo predominante: la modelo caucásica y rubia. Campbell, precisamente ese año, afirmó que la industria de la moda era más racista que en los años 80. “Cuando yo comencé a modelar lo hice en Versace y YSL.

Ahora el acto de no escoger modelos de color es racista. Lo que digo es que debes escogernos por nuestro talento, no por el color de nuestra piel”, insistió en ese entonces. La protesta no era en balde, luego de ver que en la pasada Semana de la Moda de Nueva York, solo hubo 6% de modelos negras. La misma Iman y Bethann Hardison expusieron su inquietud con una carta abierta.

La batalla en Twitter
Algunas modelos ya están hartas de los estereotipos y del tokenismo rampante. Leomie Anderson se despachó en Twitter el pasado febrero contra un maquillista que no tenía una base para su tono de piel. De hecho, hizo un tutorial para ayudar a sus pares en la misma situación. “Ser una modelo negra requiere trabajo extra”, afirma en su video viral. Nykhor Paul hizo lo propio un año antes. Un estudio conducido por The Fashion Spot el año pasado halló que en 374 shows de la Semana de la Moda de Nueva York, el 80% de modelos eran blancas.

Hay modelos que insisten en la denuncia y para ello utilizan las redes sociales, como Ashley B. Chew con su famoso bolso instagrameable #BlackModelsMatter (derivado de #BlackLivesMatter, movimiento en contra de la brutalidad policial estadounidense).

Otras terminan renunciando, como Ajak Deng, modelo australiana de origen sudanés, quien se hizo famosa por renunciar a la industria y denunciar su hipocresía. Había sido despedida de Balmain, según ella, solo por ser afro.

¿Racismo en la moda? No hay que hilar tan fino. En cualquier revista el modelo primigenio se mantiene al ver que en editoriales y campañas de alta envergadura el patrón es absolutamente el mismo y otro color de piel sorprenderá por ser tan único entre tanta claridad.

Análisis

“Si pusieron a Naomi a desfilar fue porque YSL protestó en contra de los burgueses”
¿Por qué ese afán de “blanquear” a las modelos negras? Una Imanes íconos, pero una Gabourey Sidibe es criticada.

La historia de la cirugía plástica demuestra que toda ella existe para quitar las características raciales de otras razas: la piel oscura, la nariz larga judía, el ojo asiático y conformar el patrón estético occidental. El primero que usó una negra como signo de rebeldía fue YSL, pero lo hizo para insultar a la sociedad burguesa. Desde el tiempo de la venus hotentote (Saartjie Bartmaan, mujer del siglo XIX expuesta como objeto de circo), la mujer negra desnuda es un animal, la mujer blanca vestida es un objeto.

Por ende, la modelo negra es sexualizada…

Claramente. Esto ha conformado ese patrón estético que ha permeado a tal grado que cada persona en el mundo no es atractiva porque no corresponde a ese ideal caucásico limitante. Y así, todos los imaginarios de moda nacionales toman la forma de las razas ajenas. Eso con la globalización creó una sola imagen perfecta y por lo tanto, aburrida. Es una dictadura patriarcal, machista y xenófoba que impera en la actualidad.