Sus instalaciones forman parte de la historia de la Bienal y, ganadoras o no, son diferenciadas y recordadas por todos aquellos que visitan el evento. Por eso, no es sorpresa que en esta edición 28 haya salido galardonado con su “Claustro del Eden”.

¿Por qué participar en la Bienal, dado las fuertes críticas a su edición pasada y la incredulidad de una gran parte de los artistas locales?

Es la actividad cumbre de las artes plásticas visuales dominicanas. Respeto a quien no participe, yo siempre lo he hecho porque creo que es importante para medir la situación del arte local. Además es un gran escenario para llegar a un gran número de personas, mucho más que en una exposición individual. En lugar de atacar, la mejor idea es aportar. Es nuestro legado como artistas visuales y debemos preservarlo. Nuestra Bienal es la más antigua del Caribe. No podemos, por asuntos personales, hacerle un daño a un bien que después de que desaparezca nos vamos a lamentar.

Has participado en otras bienales internacionales, ¿qué se siente de diferente en la nuestra?

(En el exterior) Hay planteamientos más diversos, la experiencia es más enriquecedora. Pero creo que nosotros al nivel nacional no estamos tan mal como se quiere pintar. El arte dominicano va bien.

Entonces, ¿no va tan mal?

No, hay mucho talento joven, con ideas pujantes que no le tienen que envidiar a ningún planteamiento de ninguna parte del mundo. Hay artistas súper interesantes, con visión y muy claros en lo que están haciendo, con un compromiso muy marcado. Lo que falta es apoyo.

¿Recursos?

No recursos, es apoyo, y el mejor ejemplo debe ponerlo el Estado. Si no hay un empujoncito del Estado, la parte privada tampoco lo hará. Las artes visuales son un bien económico, cultural, turístico con gran potencial. Muchos países lo han visualizado de esa manera, con un apoyo directo del Estado. Aquí estamos flojos, está bien la Bienal, pero no es solo la bienal como actividad. Particularmente pienso que los premios no deben ser solo metálicos, debe darse algún tipo de beca, de residencia para impulsar a ese talento.

¿Ejercer el papel de agente cultural?

Exactamente, organizarle una mega exposición. Así se cuida la inversión de la Bienal. No dar premios al aire a un artista que, quizás, no continúe y ya esa inversión se perdió. También aportas a un artista para su dossier, su vida artística.

La mejor manera para un artista emergente salir a la luz… Claro, aquí es muy difícil. Tú hacer una exposición individual aquí es la de Caín…

Tú como Morilla, ¿qué le pedirías al Ministro de Cultura?

(Risas)  Son demasiadas cosas. El Ministerio es un error, porque en un país como el de nosotros, donde todo es tan politizado, la cultura no se puede politizar. No puedo tener asuntos de partidarismos, ni preferencias de cosas. El ministro de Cultura no puede ser una gente ni farandulero, ni cantante, ni pintor, ni poeta, tiene que ser un gestor cultural, un administrador. Que mida toda la cultura con el mismo parámetro. Si me ponen a mí, la Bienal será lo máximo de lo máximo, y lo demás… Da vergüenza que personas que han venido de La Vega me llamen y me digan que no pueden entrar al museo porque no hay luz. ¿Para qué un horario especial, si no tienes las condiciones para tener una planta eléctrica? Dos días antes de comenzar la Bienal, no se sabía si iba a funcionar el aire. Todas esas cositas son fallos de una gente que no está gerenciando como debe.

Si bien es cierto que eres un artista polifacético, tus instalaciones siempre serán recordadas. ¿Te sientes más en tus “aguas” en esta disciplina?

Sí, empecé en las instalaciones porque me dan más recursos para expresarme, enviar “meta mensajes”. El video me aporta mucho a completar la idea y hacerla más interesante.  Da más oportunidad a la interpretación, que es lo que debe dar una obra de arte. Mientras más interpretación, mejor. Las instalaciones deben interactuar con el espectador.

Recibiste el premio mayor, ¿quedaste satisfecho con el resultado de tu obra?

(Risas) Nunca se está, y eso te ayuda a continuar. Cuando un artista se sienta satisfecho y piense que su obra no puede mejorar, ahí mismo está muerto. “Satisfecho del premio”, eso va dentro del ego de todo artista. Con la obra hay cositas que las veo y me las autocritico. En este caso fue un desafío, exigí un espacio mayor. Cuando vine a montar las piezas, la altura no  me dio, y tuve que improvisar, resultando que los flequillos sobresalìan (cosa que no se planeó). Al final, resultó.

A simple viste hay una crítica a la comunicación. ¿Qué buscabas transmitir?

Trabajo mucho con las relaciones interpersonales, “Claustro del Eden” es un planteamiento a esa individualidad que vivimos. El asunto de cómo no hemos entendido que somos parte de un engranaje, de una sociedad. Pensamos en nosotros mismos, y ahora hasta los matrimonios son negocios. Esa frialdad, la lejanía y el vivir el uno por el uno.

Es difícil vivir del arte en RD ¿Crees que ya hay un mercado del arte potencial?

Creo que sí, dentro de mi burbuja y mi esperanza. Hay una generación pujante que viene con ideas explosivas y el público consumidor está en la misma onda que esos muchachos.
 
¿Qué es lo que más llama tu atención de los artistas emergentes criollos?

El atrevimiento, la firmeza y el convencimiento de que se puede hacer arte en un país tercermundista.