Me Before You puede parecer como un simple drama romántico –una imitación británica a Nicholas Sparks sobre el amor entre una joven de la clase obrera (Emilia Clarke) y un hombre paralizado del cuello hacia abajo (Sam Claflin)–, pero puede volverse bastante pesado. Claflin lo siente de esa manera también.

El actor británico, mejor conocido como Finnick Odair en las películas de Los Juegos del hambre, tuvo que frenarse a sí mismo tanto física como emocionalmente, al interpretar a un personaje cuyo accidente lo ha dejado amargado y tal vez suicida; además, al menos inicialmente, resistente a la mujer joven que se ha convertido en su cuidadora.Claflin nos habla sobre las dificultades de hacer de una película romántica igualmente oscura y dulce.

En vista de que esto tiene que ver con alguien que está considerando la eutanasia, tienes que entrar a un espacio de mente bastante oscuro. ¿Tiendes a ser una persona mórbida?

[Risas] Yo diría que no, aunque me gusta la gente que sí lo es. Creo que es siempre interesante cuando la gente es mórbida y están dispuestos a expresarse en formas mórbidas. Pero yo no diría que soy mórbido.

Él no comienza en un espacio muy feliz. Él había dejado su pelo y su barba crecer y se vestía con ropa desaliñada. Todavía así, casi se parece a un Lord...

Él sigue siendo elegante. Me encantó poder esconderme debajo de todas esas ropas holgadas y el pelo largo y la barba. El único problema era si uno de esos pelos pasaban por mi cara era imposible que yo lo [moviera]. Esa es la dura realidad de filmar algo como esto.

Luché mayormente con esos pequeños momentos como esos –esas pequeñas cosas que tenía que obligarme a mí mismo dejar de hacer instintivamente. Estaba constantemente recordándome a mí mismo “No te muevas, no te muevas, no te muevas”. Se hizo muy difícil no usar mi cuerpo. Cuando ella estaba llorando quería pasarle mi mano para consolarla. Fue muy, muy difícil de mantener.

Él también tiene que comunicarse casi en su totalidad a través de las palabras.

Es un hombre muy inteligente y encantador, y es muy ingenioso. Es muy bueno con las palabras. Te das cuenta de que nos expresamos todos los días con nuestros cuerpos. Pero para él es todo acerca de lo que dice. Él tiene que pensar en todo antes de decirlo, y a menudo dice cosas que cortan a la gente por la mitad. Ha tenido que aprender a utilizar sus palabras para lograr que su punto se entienda. Ese fue uno de los grandes desafíos para mí, porque yo no soy muy bueno con las palabras. [Risas] Fue ese aspecto de su carácter, el lado inteligente de él, el que me costó encontrar.

¿Hubo otras cosas que tenías que hacer que fueron difíciles?

Perdí mucho peso. Era importante para mí que él se viera débil y frágil y no que estuviera bien. Creo que perdí cerca de 22 kilos en tres meses. Cuando estábamos ensayando yo estaba comiendo 500 calorías y entrenando tres veces al día.

Así que no tenía energía. [Clarke] entraba a la sala de ensayo y yo estaba tendido en el sofá, temblando, casi llorando. Fue mi decisión. Hablé con algunas personas que estaban pasando por algo similar y me dijeron que cada vez que iban al hospital perdían peso porque la comida era muy mala. Así que hice lo de la pérdida de peso, no a los extremos de Christian Bale o Matthew McConaughey. Y eso, también [risas], fue muy difícil.

Esto suena como un trabajo duro.

Honestamente, no sólo fue este trabajo exigente físicamente, sino también mental y emocionalmente agotador. Hubo un día que llegué a casa y me metí en la cama y empecé a llorar. Mi esposa estaba como: “¿Qué pasa?” Yo estaba como: “Sólo estoy pensando en la rutina de dormir de Will.” Él empezaba su rutina a las seis y, finalmente, llegaba a la cama a las 10. Mientras que yo, simplemente, salto en la cama. Había pequeños momentos como esos, las cosas que damos por sentado.