Atención foodies. Soledad Nardelli, la celebrada chef argentina del icónico restaurante Chila, en Buenos Aires, considerado uno de los mejores de América Latina, se encuentra en República Dominicana.
La también estrella del canal de televisión El Gourmet, es una de las invitadas especiales del festival gastronómico Taste Santo Domingo 2015, donde realizará un cooking show abierto al público. Mientras se preparaba para viajar al país, sacó unos minutos para conversar con Metro sobre su impresionante carrera en los fogones de Chila, sus ingredientes favoritos y las claves para ser un buen cocinero.

¿Qué es lo que más disfrutas de tu vida como chef? Viajar por mi país y otros países, conocer su cultura, sus productos, su gente, aprender, compartir y nutrirme profesional y espiritualmente.
 
¿Cuál es el mayor reto que enfrentas? ¡Hacer varias cosas a la vez! Ser jefa de cocina de Chila desde hace 10 años, organizar clases de cocina mensuales, conducir mi programa radial “Chefas... hasta la última miga”, estar en un proyecto de asesoramiento en Mendoza, los programas de tv, los festivales y, además, llevar una vida de mujer de 36 años (risas).

¿Cuál es tu fuente de inspiración al cocinar? Muchas, no hay una sola: la idea de alguno de mis cocineros, un aroma, la naturaleza, un producto, un viaje, un libro, una canción...

¿Cuál es tu sello como chef? Una cocina donde lo más importante es el sabor, el respeto por el producto argentino, la  sutileza y el detalle. Como jefa, soy exigente, con buena onda y alegría.  

¿Qué te gusta comer? ¡De todo!

¿Cómo definirías Chila? Hacemos una cocina contemporánea basada en productos argentinos de todo el país.

¿Cómo han conseguido ser catalogados como uno de los mejores restaurantes de la región? Trabajo intenso, mucha pasión y dedicación, un gran equipo y objetivos claros.

¿Te sientes tan cómoda en la cocina de un programa de tv como en la de Chila? Al principio fue incómodo, pero luego, cuando uno logra naturalizarse con la cámara, lo disfrutas, te relajas y todo fluye. Pero llevó su tiempo. Cocinar en exteriores es muy liberador, me olvido de que están las cámaras y disfruto el entorno que me rodea. Es un momento muy placentero, casi mágico.

¿Cuál es tu ingrediente favorito? Me encantan los quesos, vinos tintos en general, el aceite de oliva y un buen chocolate amargo.

Hablabas de que impartes clases de cocina. ¿Qué te ha motivado a enseñar? Siempre me gustó la docencia, poder compartir y difundir lo aprendido. Es un ida y vuelta, das y te devuelve mucho, aprendes mucho de tus alumnos también.

¿Qué se necesita para ser un buen cocinero? Generosidad, humildad y mucha garra, pasión y curiosidad. O Probar, quemarse, jugar y divertirse en la cocina.

¿Qué conoces de la cocina dominicana? Conozco poco, sinceramente. Quiero aprender, probar mucho, conocer sus productos, visitar los mercados, charlar con chefs colegas. Vengo con el corazón y la cabeza abiertos a recibir. Mi valija viene llena de ilusiones.

¿Qué crees que le falta a los países latinos para elevar nuestras gastronomías a los niveles de las europeas? Tiempo, nada más, ¡tenemos mucho!

A pesar de amar la cocina desde niña, te matriculaste en la carrera de Derecho. ¿Por qué? Uno siempre tropieza en la vida. Probé, me saqué las ganas y, por suerte, decidí dedicarme a la cocina.  

A los jóvenes a veces nos asusta tomar este tipo de decisiones, dejar algo a la mitad, arriesgarnos. ¿Qué aprendiste de ese momento? No hay que tener miedos, el deseo mueve todo. No gana quien no arriesga y acepta desafíos. Y si no resulta, también ganaste, porque probaste.