El festival Pineapple Ball que estaba programado para arrancar a las 6 de la tarde, se demoró hasta las 9 y tantos minutos de la noche.

Un difícil proceso de entrada para los más puntuales, que dicho sea de paso, llegaron al mismo tiempo que hacían su entrada triunfante los baños públicos móviles. El recibimiento del evento musical fue a las 9:30 de la noche.

El festival, que pretendía rescatar el Monumento a Montesinos, tuvo la dinámica de dos escenarios en dos ambientes totalmente diferentes: el primero, denominado “El Bohío”, que era el más cercano a la entrada, ambientó un bonche de música electrónica con elementos decorativos alusivos a las famosas fiestas hawaianas.

Para el público del Bohío mezclaron los Dj Conrad Wittkop, Vega, Sound of Montecarlo, Rampue, Stacey Pullen, Blondish y otros, que hasta tempranas horas de la mañana del martes no dejaron sentar a ningún vivo.

Los más alternativos se aglomeraron en el “stage 1”, con una descarga de reggae, ritmos latinos y pop rock, que comenzó con César Pineda, un cantautor con acertado dominio escénico.

Le siguió la maravillosa banda Gran Poder de Diosa, que calentó la onda de la noche. Después de ellos subieron Rawayana, unos venezolanos que hicieron “su diciembre” y cautivaron al público dominicano con rimas sociales y de protesta.

Alex Ferreira y Frente Caribe sí que bachatearon la fiesta, con una descarga de buenas letras y ritmos autónomos que representaron a Santo Domingo.

Los esperados de la fiesta, sin duda, fueron Cultura Profética y, como siempre, se la comieron. Sus grandes éxitos fueron coreados y demostraron por qué este año celebran su 20 aniversario de carrera: su presentación no tuvo desperdicios.

En esta tarima también se presentaron la leyenda de Los Cafres, Beto Peláez, Atomic y Alexis y Fido.
The Pineapple Ball también contó con una variada oferta gastronómica que se unió a la perfección con esta fiesta de playa.