Su ópera prima “Jajajajajá” mostró que la extrañeza de su ser necesitaba ser liberada.  Que los pasos “a ciegas” en la Zona Colonial se condensaron en un álbum nostálgico, un poco absurdo, pero creíble.

A pesar de no ser dominicano, ha dejado correr en sus venas las riquezas rítmicas de la tambora y la güira, para crear un universo donde lo multicultural da color a su música.

Puede que suene confuso, pero mañana viernes a las 9 ¡en punto! de la noche podrás escuchar letras pensadas en bachata, boleros, pambiches y sí, ¡merengue!, en Casa de Teatro, en presentación única.

Para muchos tienes fuertes influenciad de Pedro Guerra, ¿quién es tu mayor influencia?

Me dejo influenciar por los primeros compositores del siglo veinte, sobre todo los dominicanos. Me gusta mucho escuchar canciones de la gente que inventó las canciones en el siglo pasado: Chico Duarte, Víctor Jara, Luís Díaz… A este último lo conocí bien de cerca y pude captar la manera que tenía de hacer canciones.

Tu disco “Ja ja ja ja já” contó con un selecto grupo de músicos locales, ¿cómo se dio la selección?

Fue un elemento muy fortuito que se dio gracias a Janio Lora. Él me integró dentro del mundo de David Vásquez (percusión) y Ely Vázquez (bajo). Yo ya traía a  Alberto Iznaga (violín)a a quien conocía de la Zona Colonial. Un día conversando con Juan Francisco Ordóñez (guitarra) le comenté que tocaría en un bar y él me preguntó si podía acompañarme. Eso dio inicio a la conformación del grupo.

¿Cómo se sumaron estos dominicanos que se unieron sin tapujos?

Fue elemental porque me crié musicalmente con ellos. Empezamos a tocar cuando tenía 19 años. No conocía, hasta hace poco, otra realidad que tocar con ellos.  

Un poco de pop, rock y un sonidito maderesco, pero si te piden definirlo, ¿qué sería?

En Chile se usa un concepto en la cocina que es “Cocina Bistró”, y lo definen como un poquito de acá y un poquito de allá. Indudablemente, mi música es eso. Soy un compositor chileno en el tema melódico, pero cuando pienso rítmicamente lo que me viene a la cabeza es la tambora y la güira.

Ese disco salió a finales de 2011. ¿Cómo te ha tratado tu público?

Lo más importante es que la gente que siguió ese disco se ha mantenido muy al tanto de todo lo nuevo que voy haciendo. En 2013 me fui de Santo Domingo a Santiago de Chile y empecé a trabajar con Claudio Rojas y la gente siguió al tanto de todo. Es a ese público, y al que se ha sumado en Chile, a quien vamos a dedicarles lo que haremos en 2016.

¿Y qué pasó que regresaste a Chile, tu país natal?

Fue una decisión un poco alterada. Necesitaba cambiar de ambiente, no quería entrar a la dinámica de trabajar en publicitarias, quería hacer música y Santo Domingo no me lo estaba permitiendo. Entonces, decidí irme a ver qué pasaba. No he abandonado a la isla, vine en abril para la Feria del Libro (invitado por el Ministerio de Cultura) y ahora estoy gracias a Sangría Gitano y Motiv.

También estuve hace un mes en Nueva York, presentándome en varios bares de Washington Hights.

¿Qué pasó en Chile?

Tuve que acostumbrarme a la nueva ciudad porque nací en el sur de Chile, en una ciudad llamada Chillán. Fue ubicarme de cero y empezar a buscar músicos, entre los que apareció Claudio Rojas. Hicimos junto a otros músicos chilenos un tema “Alma hay” y hasta el momento estamos trabajando, mitad en Chile y mitad acá, grabando con David Vázquez y un nuevo amigo que se integró, Edgar Molina. El 2016 va a ser un año de grabación entre tres ciudades: Santo Domingo, Chile y Nueva York.

¿Cómo el público chileno ha digerido estos ritmos de Quisqueya?

Hasta el momento no he tenido la posibilidad, sino es por conciertos puntuales en vivo, de entender exactamente lo que quiero plasmar en una obra. Como no hemos grabado, va a ser la nueva discografía la que va a dejar claro el asunto. Esta doble nacionalidad y la doble manera de ver la música, “dominilena”.

¿Cómo se llama el nuevo álbum?

Es un disco que se llama “Los buenos momentos”, un proyecto audiovisual que se conforma por cinco EP. Es Vicente Cifuentes y la Preciosa Orquesta.

¿Qué tendrá de diferente al anterior?

El anterior fue hecho con cajón, flamenco y violín. Ahora habrá tambores y un cuarteto de cuerdas. También vamos a trabajar puntualmente en géneros (como yo los veo). Serán cinco volúmenes: Bachata, Bolero, Merengue y otros dos que se están creando.

¿Cuál mercado aprecia más este tipo de música alternativa?

El objetivo de este disco jamás será que nos suenen en los colmados, por razones obvias, pero nuestro norte es traer a la canción de autor mundial un poco de tamborcito, de buena onda y alegría porque, de repente, los cantautores nos convertimos en “cansa autores” y la idea es que la gente se divierta cuando vaya a verte y uno diga lo que tenga que decir, pero de una manera lúdica y de fiesta.

¿Cuál es el motivo de esta visita a Santo Domingo?

Un concierto “Chileno hasta la tambora”; vamos a hacer un concierto dos músicos chilenos y dos dominicanos (Claudio Rojas, guitarra; David Vázquez, bajo; Edgar Molina, percusiones y Vicente, guitarra).

Lo separamos por bloques, desde pambiche, bolero, bachata y un bloque con invitados.

¿Parecido al trabajo  que estas preparando?

Exacto, es un poco el disco para enseñar las nuevas canciones.

¿Lugar y fechas?

Auditorio Casa de Teatro, a las 9 de la noche.

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