Muchos dirán que correr (running) es una moda, una tendencia más que, como todas, pasará. Sin embargo, para muchos es mucho más que eso. Es algo que les ha cambiado –y en algunos casos– salvado la vida.

Manuel Moreta, entrenador personal y endurance coach (entrenador de resistencia) nivel 2, asegura que los beneficios de correr son más de lo que imaginamos. “Mejora el sistema cardiovascular y pulmonar, mantiene útiles los tejidos musculares, ligamentosos y tendinosos, asegura una buena lubricación en las articulaciones, ayuda a prevenir la osteoporosis  y aumenta la calidad del descanso”, revela.

Además es una apuesta segura para mantenerse en forma, ya que regula el apetito, facilita la digestión y combate la celulitis.

El impacto en la salud es el más evidente, sin embargo, hay muchos otros beneficios colaterales de unirse a la fiebre de correr. Moreta,  quien disfruta tanto correr como entrenar a otros para hacerlo, confiesa que esta afición va mucho más allá de la satisfacción de sentirse saludable. “

Correr me ha llevado a experimentar la capacidad física que tenemos los seres humanos y a desarrollar mis habilidades, tanto mentales como físicas”, nos dice, y agrega que además le ha regalado la satisfacción de tener un impacto positivo en la vida y el bienestar de las personas a quienes entrena.

“Esto me ha permitido potencializar el talento en los demás y enseñarles que nuestras limitaciones son más mentales que físicas”, asegura.

Un cambio de vida

Si tuviéramos que escoger un elemento común entre los corredores, ese sería la pasión por el asfalto. Casi siempre, todo comienza como pasatiempo, o hobby, para resolver un tema de salud cardiovascular o para ponerse en forma. Pero esas no son las razones por las que se quedan.

Los motivos para seguir no se limitan a la meta de bajar esas libras de más, conservar la energía y la certeza de tener un corazón sano.

Tiene más que ver con el placer tras la realización de una meta por la que has trabajado duro, con la alegría de tener compañeros que se vuelven amigos, con derribar tus propias barreras.

“Empezar a correr cambió la visión que tenía sobre mí misma y me hizo ver que no hay límites cuando me enfoco en una meta.

Es una de las mejores decisiones que he tomado”, nos cuenta Verónica Castillo, quien lleva tres años corriendo.

Esta chica asegura que correr ha cambiado su vida por completo. Desde haber bajado 32 libras y  tener la libertad de comer sin engordar, hasta haber hecho relaciones entrañables con otros amantes de este deporte y mejorar la relación con su pareja e hijos. “Esto es un proyecto que nos une”, revela.

El caso de Rosa María Cruz, compañera de Verónica en el grupo de aficionados al running, La Guagua Runner´s Club, es bastante similar.

“He descubierto que mis límites van mucho más allá de lo que pensaba, tanto físicos como mentales. Me ha recordado el valor de la disciplina, del compromiso, y me ha hecho descubrir que la solidaridad es el lenguaje universal en este deporte”.

Esa solidaridad ha tenido gran impacto en el esposo de Rosa María, Darwin Marte, quien comparte su fiebre por correr.

“Desde que empecé en el running he aprendido a agradecer y a ser recíproco con personas que de una manera desinteresada te brindan apoyo en tus entrenamientos y carreras, personas que se levantan de sus camas a las 4:00 de la mañana solo para pasarte un poco de agua y que te puedas hidratar”, explica.

Como en el caso de Verónica, la pasión compartida de Darwin y Rosa los ha fortalecido como matrimonio, dándoles más oportunidades para estar juntos y apoyarse en el camino hacia las metas.

Como cualquier pareja moderna, llevan vidas ocupadas. Tienen trabajos, hijos, compromisos, pero no han permitido que nada se interponga en su meta de ejercitarse. “No influye la lluvia, ni el trabajo, ni la familia, ni la economía.

A veces, si no tenemos con quien dejar a las niñas, nos turnamos para correr”, confiesa Darwin. Y es que para quienes practican este deporte, la disciplina es clave, y las excusas, solo eso, excusas.