La Navidad es una época que se caracteriza por ser la manifestación constante del amor hacia los demás. Pero ¿qué es el amor?

La Real Academia de la Lengua Española lo define como “un sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesitaba y busca el encuentro y unión con otro ser”.

En la Biblia vemos cómo debe ser el amor: El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor.

El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

Siempre que quieren ejemplificarlo, usan el amor maternal. Está el amor de pareja, donde encontramos el deseo de hacer sentir bien al ser amado; o el amor entre hermanos que lleva a los seres a hacer sacrificios por el otro.

Y el amor entre amigos que se demuestra en el consuelo constante en medio de las penas; el amor propio que nos permite sacar fuerzas para ser felices. O el más sagrado de los amores, el amor de Dios, que nos empuja a ser mejores personas.

Cuando analizamos todo esto, concluimos en que “el amor es la fuerza que mueve el mundo”.

Por eso, queremos recordarte y que ayudes a los demás a tener presente la importancia de este sentimiento en este mes tan especial.

¿Cómo hacerlo? ¡Regalando #MasAmorenNavidad! Mostrándoles a todos lo imprescindible que es dar y recibir amor en Navidad, que se ha convertido en tiempos de mucho estrés y angustia material. Cambia ese objeto por un fuerte abrazo, un agarrar de manos o un beso con pasión.

Disfruta de esos instantes, y los que puedas colócalos en las redes con él hashtag #Masamor enNavidad. ¡Contagiemos al universo con el #PoderCorazon!

Mi nueva cualidad: ser clara

Me cuesta ser clara. Me preocupan tanto los sentimientos de los demás, y cómo van a recibir el mensaje que les doy, que en la búsqueda de las palabras correctas no consigo construir un mensaje para que entiendan lo que siento o pienso. Lo bueno de la vida es que siempre puedes elegir ser mejor.

Estos días me he propuesto evitar los malentendidos. Debo confesarte, querido diario, que mi amigo Cherny ha tenido mucho que ver en esta decisión (me confirmó que los conflictos son como bolas de nieve, bajando una montaña; crecen y crecen).

Han sido pasos cortos que me han llevado a tener la fuerza de hacer la pregunta incómoda de qué pasa o qué hice que ha podido ofenderte.

En el ejercicio me he encontrado de todo: personas que me han respondido con igual honestidad diciendo exactamente lo que sienten, otros que han decidido expresarlo muy adornado y unas cuantas que han decidido desaprovechar la oportunidad de aclarar ese malentendido inventando una respuesta políticamente correcta, para darle el chance a la relación a que florezca.

Me entristeció ver la reacción de aquellos que no tuvieron la fuerza para enfrentarme. Con esa nueva fórmula pensé que solucionar los problemas era muy simple, pero no. En ocasiones dejará de ser un problema, porque no habrá una solución.

En ocasiones solo queda soltar esa relación y continuar, siendo conscientes de que no vamos a agradarle a todo el mundo. Aceptar que algunos querrán continuar su trayecto sin ti a su lado.

Por un momento, querido diario, dudé de mi nueva cualidad de darle frente a todo (acabadita de estrenar), y ahí llegó a mi mente una de mis frases favoritas: “que quede mal del otro, no de ti”. Comprendí que era mi deber buscar la manera de restablecer las relaciones, de expresar mis emociones, de limar las asperezas. La otra parte le corresponde a Dios y el destino, que pone todo en su lugar.