Querido diario:

“Cada cabeza es un mundo”, escucho decir una y otra vez. ¡Estas vacaciones me han permitido confirmar esa teoría! Puedes estar tomando el mismo café que otra persona, caminar por la misma calle y experimentar una sensación muy distinta.

En mi búsqueda de porqués llegué a la conclusión de que como percibes la vida viene determinado por distintos factores. Los que principalmente dictan esas reacciones son: nuestro temperamento y nuestro pasado.  

Algo interesante es que nuestro temperamento y pasado no pueden ser cambiados. El primero no podemos elegirlo; el segundo será impactado directamente por el primero.  

Es el día a día el que va enseñándonos a manejar esos aspectos de nuestro temperamento que deben ser transformados. Ver los comportamientos errados en otros te ayuda en el discernimiento. Eso de “ver la paja en el ojo ajeno”, pero con un espíritu de autoconstrucción.  

Ahora, eso no significa que debes sentirte mal por quien eres, o las reacciones. Debes trabajar en ello, solo eso.  

¿Y el pasado? Desde cómo nos educan nuestros padres, los años en el colegio, hasta la manera en la que te rompieron el corazón, todo impacta nuestra percepción. Todo nos forma. De todo se aprende.  
 Decidimos sobre el camino a partir de estos dos elementos. Pero es importante hacer las paces con quienes somos y las elecciones hechas, para poder continuar hacia el camino de la mejoría.   

 La actitud de “soy así y tienen que aceptarme” lleva a la mediocridad. Si partimos de que todo lo hemos hecho y lo hacemos bien, no avanzamos.  

¿Y cómo logramos la armonía en un mar de diferencias? Por el respeto entre estas discrepancias.
Al final, sin darnos cuenta comenzamos a armar grupos a nuestro alrededor que van acorde con nuestros gustos, nuestros valores, nuestra filosofía de vida. Es la naturaleza humana.

Hoy confirmo que me agrada la mezcla, porque en las diferencias es que está el crecimiento.

Las diferencias están hechas para comprenderlas. #PoderCorazon

Mi día a día
Tres grandes moralejas de grandiosas ciudades

Me fascina recorrer los espacios que hablan de la historia. Aunque no profundice en los episodios, siento, medito y busco la moraleja. Aquí comparto tres sucesos que me enseñaron mucho:

Me fascina recorrer los espacios que hablan de la historia. Aunque no profundice en los episodios, siento, medito y busco la moraleja. Aquí comparto tres sucesos que me enseñaron mucho:

1- En el “City Tour Bus” de Berlín (hice mi recorrido como buena turista), me percaté de que el personaje “Hitler” y “El Holocausto” fueron mencionados pocas veces. Con esto aprendí que los errores sirven para hacernos crecer. Y que tenemos derecho a cambiar la percepción que tienen los demás de nosotros. Arrepentirse, pedir perdón y continuar es una manera. 

2-Fui a dos museos de Porsche, uno en Leipzig y otro en Stuttgart. Ahí ví los modelos de la alianza de esta marca con Volkswagen. Esta etapa fue gris para la marca alemana. En el nuevo acuerdo de unión de ambas casas de vehículos, los diseños serán controlados por Porsche. ¿Moraleja? Que algo no resulte en un primer intento no significa que no pueda ser transformado. 
 

3-Los pasillos de Roma se caracterizan por los músicos que alegran las calles. Nos topamos con un señor de espalda totalmente encorvada que alegraba a los turistas con una guitarra muy peculiar. Muchos lo ignoraban, sin darse cuenta que él era el mejor de los monumentos. Aprendí que lo realmente maravilloso puede ser lo menos atractivo.