Querido diario:

Las relaciones humanas son complejas. Y Dios las usa para trabajar nuestro carácter una y otra vez. Cuando crees que has superado esa área de tu vida, viene la vida a confrontarte.

Pienso en mi trabajo, en cómo se repite la misma situación y yo tengo la misma reacción. Todo ocurrirá hasta un día que consiga ver todo desde otra perspectiva y actúe distinto.

“Si no pasas la materia, Dios vuelve a ponerte en la misma posición para que finalmente curses, y con buenas notas”, dijo el pastor Miguel en la prédica hace ya unos meses, pero por alguna razón quedó grabada en mi mente.

Si eres explosivo, te cruzarás con aquellos que te harán explotar. Si eres permisivo, te tocarás con personas que abusarán de ti. Si eres inseguro, se sumarán a tu día a día aquellos que manejarán tus pasos. Si eres impaciente, entonces ya sabes qué pasará.

Nada de esto cambiará hasta que hagas conciencia de tus defectos y lo asumas como oportunidades de mejora. Al final, no es que los demás son abusivos o no respetan, sino que estas repitiendo la materia con malas notas.

Debes encontrar el equilibrio para vencer ese carácter que te pone en evidencia cada vez que enfrentas a tus detonantes. Una amiga me preguntó sobre cómo evitar que alguien te afecte. Me quedé pensando una mañana completa en ello.

Luego de varios intercambios de ideas llegué a la conclusión de que todo parte de ti. Lo que los demás hagan te afectará en la medida en que lo permitas. La manera en la que reaccionarás ante ello es única y exclusivamente tu responsabilidad.

Usa esas personas para lograr la mejor versión de ti mismo. Es tu decisión, no la de ellos.

Las personas tienen en tu vida el lugar que tu les das. #PoderCorazon.

Mi día a día: Una escapada con sabor turístico:

Cada destino tiene un sabor distinto si somos capaces de hacer de ellos una nueva experiencia. Había estado en Las Terrenas, pero esta vez hice el trayecto con mi familia y me dejé llevar por la improvisación. Hicimos de esas paradas que cualquier turista haría, porque son los rincones típicos (como el punto de la carretera donde la vista es un sueño).

En la noche seleccionamos dónde cenar, sin seguir recomendaciones. De lo que sí estábamos claros es que teníamos que probar la famosa pizza en horno de leña que siempre alaban de este polo turístico.

Me desperté a la hora que me apetecía y caminé hacia ese rincón de la playa que me llenó de paz, a tomar sol, mientras leía un buen libro.

Lo mejor fue nuestra parada en Playa Cosón, sugerida por Don Alexis y Doña Ivelisse. Uno de esos restaurantes lejos de los formalismos, donde te sientes libre y los platos están muy cerca de la perfección.

Fue, más que la celebración del cumpleaños de mi hermana, una oportunidad para dejarme llevar por lo que quiero y no por lo que debo.