La  cocinera dominicana radicada en España revela a Metro la fascinante historia de su camino hacia la jefatura de cocina del restaurante dos estrellas Michelin, El Club Allard; cómo está salpicando de sabores dominicanos su menú y la  razón por la que nunca se debe abandonar un sueño.

¿Qué tal fue regresar a República Dominicana con el título de Jefa de Cocina de uno de los restaurantes más prestigiosos del mundo y con el Premio Nacional de Gastronomía de España?
Fue una experiencia maravillosa para mí. Recibir el calor de mi gente de una forma tan especial no tiene precio.  

¿Qué fue lo que más disfrutó de ese viaje? Ver el gran conocimiento que ya tienen los dominicanos sobre gastronomía. Eso fue lo que más me impactó y lo que más me alegró.

Usted se mudó a España para reecontrarse con su hijo, que vivía allá. ¿Cuáles eran sus expectativas cuando se vio en Madrid como inmigrante? Al principio, yo solo esperaba conseguir un trabajo para ganarme la vida. Llegué con una maleta cargada de sueños y le doy gracias a Dios por haber podido hacerlos realidad.

¿Cuándo nació su interés por la cocina? Por mi experiencia, debo decir que hay personas que nacen para algunas profesiones. Yo nací para ser cocinera. Desde que tengo uso de razón me ha gustado cocinar, es mi vocación.

¿Tuvo alguna experiencia profesional mientras vivía en República Dominicana? Estudié pastelería y, además, siempre trabajé en el restaurante que llevaba mi padre. Antes de mudarme a España, ya tenía un pequeño cáterin y estaba dándome a conocer haciendo buffets por encargo.
 
¿Qué significó para usted conseguir trabajo en El Club Allard? Fue muy importante para mí. Lo primero es que ya podía ganarme la vida, aunque no fuera haciendo lo que yo quería, aunque no fuera cocinando. Encontrar un trabajo era suficiente para mí.

Usted empezó lavando platos y en poco tiempo se convirtió en la mano derecha de Diego Guerrero, quien en ese momento era el jefe de cocina ¿Cómo fue la experiencia de trabajar con él? Trabajar con Diego fue un proceso de formación. Él tuvo mucha paciencia conmigo, tengo mucho que agradecerle. Es una persona con la que trabajé tanto y tan a gusto, que  fue una experiencia maravillosa. Una etapa muy bonita de mi vida.


¿Cómo recibió la noticia de que ocuparía su lugar? Sinceramente, no me lo esperaba. Pero cuando me dijeron: “María, queremos que seas la chef gastronómica de El Club Allard”, lo que hice fue mirar al cielo y decir: “Denme la oportunidad de dirigir este sitio”. No sabía ni lo que estaba diciendo. La respuesta fue: “La oportunidad ya la tienes”, y al cabo de unas horas me dije: “¿María, tú sabes en lo que te estás metiendo?” (risas). Pero yo siempre he tenido mucha seguridad en mi misma, así que lo que había que hacer era tirar pa´lante.
 
¿Cómo ha cambiado su vida desde entonces? Ha cambiado mucho. Lo que era mi sueño se ha convertido en el foco de mi vida. Me levanto y me acuesto pensando en cocinar. También ha cambiado por la atención de los medios de comunicación y los tantos premios que hemos recibido este año; ha sido estupendo. Te puedo contar como primicia que me acaban de enviar un mensaje diciéndome que el periódico Expansión me ha nombrado “Personaje del Año”. Eres la primera persona a quien se lo digo, además de la directora. Imagínate cómo me siento al enterarme de esta noticia, acabando de llegar de mi tierra, donde me recibieron con tanta alegría.

¿Considera que hay alguna influencia dominicana en la cocina de El Club Allard desde que usted está al frente? Claro que sí. Los grandes críticos dicen que mi cocina ya tiene sello, un nombre. Ellos identifican esa mezcla tan bonita que he conseguido de la cocina mediterránea con las influencias latinas que tengo por haber venido de mi isla. Hay mucho sabor dominicano en mi cocina y la gente lo ha aceptado muy bien. Hay un plato que encanta a todos los clientes y que se ha convertido en un emblema de mi carta, una insignia para mí. Es el Cupcake con Trufa y Codorniz, un plato cuya base es de yuca. Saber que he conseguido que toda la gente que pasa por El Club, un público que viene de todas partes del mundo,  coma yuca, me encanta. Quiero trabajar con otros productos nuestros que no se conocen en España, como es el caso de la guanábana; quiero que la gente conozca más. Lo que espero transmitir y lograr con mi propuesta en El Club es que la gente pueda hacer un viaje gastronómico sin tener que moverse de su asiento.

Usted proviene de una familia dominicana muy humilde y hoy ocupa una de las posiciones más deseadas por un cocinero. Si pudiera explicarlo en una idea, ¿cómo lo ha conseguido? El primer ingrediente ha sido la humildad, el segundo, haber sido y seguir siendo muy trabajadora, y el tercero es la pasión que tengo por lo que hago. Esta profesión, sin pasión, no tiene sentido.

¿Qué le diría a aquellos jóvenes dominicanos que por su realidad de pobreza no se atreven a soñar en grande, y mucho menos a perseguir sus sueños? Que sigan trabajando con el corazón, pero sobre todo, que no pierdan la fe.  Dicen que lo que está para ti, no te lo quita nadie, y yo pienso que con perseverancia, trabajo, dedicación, humildad y pasión, es así. Lo más importante es no tirar la toalla, porque nunca es fácil llegar, pero todos tenemos la oportunidad de decidir qué hacer con nuestras vidas. Que miren mi historia, yo soy el vivo ejemplo de que cuando se quiere, se puede.